sábado, 19 de septiembre de 2009 | By: Nerea Uzquiano

No digas que fue un sueño


Éste es el título de un poema precioso de Konstantino Kavafis que Terenci usó para el título de su libro. El verso central del poema dice "no digas que fue un sueño". Ahí lo tenemos.
No me extraña nada que este libro ganara el premio Planeta del año 87. Es una maravilla.
Los lectores y lectoras que hemos seguido de cerca la trayectoria de Terenci Moix sabemos de su adoración por Egipto. La historia amor, desamor, guerras, alegrías y sufrimientos que protagonizaron Cleopatra y Marco Antonio no podía estar fuera de sus argumentos, porque todo el mundo, incluso el más profano en materia de egiptología, tiene referencia de una de las historias de amor y política con más frenesí de la historia.
¡Ojo con la imagen!. La galera de Cleopatra, reina entre las reinas, va deslizándose, por las aguas tranquilas del Nilo. Está de luto porque le ha llegado la muerte de su amado y está terriblemente afectada. No obstante, lleva un séquito de trescientas bailarinas, cincuenta eunucos y unos cuantos cientos de servidores más, a parte de la mitad de sus consejeros y de su corte. Su imagen es espléndida. La descripción de esta imagen ocupa las 35 primeras páginas del libro. Una vez superado este tramo, la historia, la trama, los amoríos, las soledades, los sufrimientos, la família con los gemelos y el pequeño Cesarión, invaden el ánimo del lector hasta tal punto que cuando llega el final, trágico como ya sabemos, no puedes acabar de pasar la última hoja encuadernada.
Lloré en esa página. Y como, con qué intensidad. Me dio tanta pena que se acabara todo...
Ahora Cleopatra, César, Marco Antonio, Cesarión, ya son todos ellos parte de lo mítico y su fascinación alcanza una generación tras otra.
La historia, tal y como la cuenta Terenci, es maravillosa.

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