domingo, 12 de diciembre de 2010 | By: Nerea Uzquiano

Blanca

Su musa viste de blanco, sujetado el vestido tan sólo de finos tirantes frágiles. Su melena larga y suave se extiende sobre sus pechos erizados. Su sonrisa pícara y lujuriosa invita a un beso mojado en saliva apasionada. Contonea su cintura a cada sentir de sus yemas sobre sus muslos. !Cómo se deslizan arriba y abajo pesando cada gramo de carne acalorada y buscando la vulva de su excitación!. Con un cerrar de ojos lento deja caer por descuido todo el vestido al frío suelo de madera envejecida. El telón deja ver el cuerpo suave que la Natura le ha dado. Sin sostén, sin bragitas, sólo un tanguita adornado en fino encaje negro y pequeño tatuaje de flor china sobre la pelvis. Tímida se tapa los senos con los dedos de una mano mientras la otra a manera de hoja de parra temblorosa cubre el rizado vello púbico. Los colores florecen en sus mejillas sonrojadas mientras susurra en el claroscuro de la habitación “Y ahora qué hacemos?”. Los amantes se trenzan con fuerza en un abrazo cálido y apasionado. La respiración se hace violenta mientras sus manos aprisionan el trasero frío y carnoso en búsqueda de recompensa.Le acuna la furia en sus brazos, le eleva en el vapor de la noche y la deposita sobre unas sábanas alisadas y blancas. Todo se vuelve éxtasis en la sala cuando perforada, el pene lubrica sus lágrimas blancas alrededor de tus pechos. La banda toca en el relajo de la lucha la dulce melodía de un beso lanzado desde el corazón. La mujer sobre sus hombros descansa en sueños, el la mira y la observa mientras duerme, se va quedando fría en su serenidad, y  la arropa con el vestido blanco arrugado sobre el suelo, porque el tanga no: el tanga se lo llevo!!!

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