viernes, 1 de abril de 2011 | By: Nerea Uzquiano

Ya han pasado once años

Un año más tenía que escribirte. Tú sabes que no podre publicarlo hoy. Sé que lo sabes porque sé que estabas en quirófano conmigo. Como habéis estado siempre, los tres, que he estado en peligro.

Tarde mucho en despertar y sé también que me obligasteis vosotros, aunque mi apego a este mundo desapareció hace mucho. Mis ganas de seguir se fueron con  vosotros.

Aun así nunca he tirado la toalla. Tú me enseñaste que las cosas se pelean y que la vida hay que lucharla. Tú fuiste un luchador y jamás te rendiste. Saliste adelante sacando los dientes cada día a la vida.

El día que me faltaste tu, me falto todo. Nunca he entendido que fue lo que paso, como te pudiste ir de pronto teniendo un corazón tan fuerte. Pasen los años que pasen, no entenderé el porque, ni me hare a la idea de que te fuiste.
Nunca entenderé qué coño pasó en la habitación de aquel hospital para que te fueras mientras mi hermano te ayudaba con el desayuno.

Recuerdo aquel 1 de Abril del 2000 como si fuera ayer. Llamo la ama a casa a las 11 y solo me grito: ¡Me lo han matado! ¡Me lo han matado! Y colgó.

Tenía 22 años. Salí corriendo de casa a buscar a mi hermana. Mi hermano había pasado la noche  contigo y mi madre y otras dos hermanas habían ido a verte.

La encontré fácil porque estaba con mi cuñado viendo a mis sobrinos que jugaban un partido de futbol. Le dije lo que te había escuchado y fuimos corriendo a llamaros. Yo rezaba porque hubiera escuchado mal, porque la ama hubiera exagerado. No podías estar muerto.

Cuando colgó llorando, en mi interior seguía rezando por un error. Cogimos un taxi y nos fuimos.

Cuando llegue a la clínica y vi a mis hermanas llorando y mire a mi madre, vi que no había error. Mire la cama y vi un cuerpo cubierto. Nunca quise descubrirlo.

Me abrace llorando a mi madre. Te nos habías ido.

No te imaginas lo que rece mirando aquella sabana para que te movieras, aun sabiendo que no podía ser, recuerdo que te decía por lo bajo lo fuerte que eras y que por favor te movieras.

No lo hiciste. Nunca llegue a levantar esa sabana. Quise quedarme con el recuerdo del hombre fuerte que siempre fuiste. El hombre que protegía a su familia, el hombre que bajaba del monte con sacos de leña al hombro, para calentar la casa.

No pude publicarte esta carta el día del padre, que es cuando la escribí.  Hoy hace once años que te fuiste. Pude disfrutar muy poco de ti, aunque guardo cada segundo conmigo. Se me quedaron muchas cosas por decirte, pero lo peor es que no recuerdo si alguna vez te dije lo que te quería.

No sabes la falta que me has hecho estos años y sé que muchos de mis errores (que han sido muchos), fueron provocados en cierta manera, porque me quede perdida sin ti. Mi mundo se dio la vuelta. No estaba preparada para que te fueras. Te veía tan fuerte que nunca pese que te fueras a ir.

A veces pienso que todo ha sido un mal sueño y que despertare y te veré junto a la ventana haciendo crucigramas. O sentado en el sillón viendo los deportes

Te quiero aita y no te imaginas lo que te echo de menos. Me dejasteis sola demasiado pronto.





Hoy,
trato de enlazar las palabras que con lágrimas salen de mi alma,
palabras que en este momento no quisiera decir
palabras que acompañaran ésta tristeza por una ausencia que no esperaba

Hoy,
la nostalgia me visita otra vez
trayendo a la memoria recuerdos de ese gran hombre
un hombre maravilloso, lleno de fuerza, lleno de vitalidad, lleno de vida

Hoy,
parece que las palabras también se despiden de mí
tengo tanto que decir pero su ausencia enmudece mi voz
cautiva mi pensamiento y sencillamente no puedo.

Padre, esto te quiero decir,
y sé que me escucharás porque no te has ido y nunca te irás
porque estás en cada latido
en cada lágrima
en cada suspiro

Ahora mismo estás,
estás vivo, pues tu esencia sigue
tu recuerdo, tu ejemplo
tu valor y tu esfuerzo
han quedado plasmados en nuestra memoria
y escritos con letras doradas en el corazón.

Te amo Padre, y cuando llegue a tu lado
enséñame a volar.

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