domingo, 6 de mayo de 2012 | By: Nerea Uzquiano

Los mundos de Satán


La oscura y silenciosa calle se abría paso ante ella. No sabía porque había salido, ni tan siquiera sabía a dónde se dirigía.

Solo caminaba como si sus piernas tuvieran vida propia y quisieran mostrarle algo. Algo desconocido para ella.

Un coche paso a su lado, o eso creía… ya que no le prestó atención. No podía decir ni el color del mismo, ya que su presencia había pasado totalmente desapercibida para ella.
Tal vez, ni tan siquiera había existido ese coche, tal vez estaba en un sueño tan profundo que nada de esa noche era real.

No sabía cuánto tiempo llevaba caminando. No sabía si había avanzado mucho o si su casa estaba junto a ella. Nada de lo que veía se le hacía familia, pese a conocer la ciudad como la palma de su mano.

Sin saber cómo, esa soledad se rompió. Un desconocido la observaba a unos pasos de ella. No entendía como había llegado allí o como no había reparado antes en el.

No era un hombre que pasara desapercibido. Era moreno, alto, fornido y la miraba con penetrantes ojos negros. Por un momento le recordó a una estatua griega.

El hombre no hablo, solo la observo y comenzó a caminar. Sin saber el porque, ella encamino sus pasos tras el. Un impulso, que no entendía, hacia que una joven como ella, cauta e incapaz de cualquier temeridad, lo siguiera en medio de las tinieblas.

El enigmático desconocido cruzo una pequeña puerta y ella la cruzo tras el.

En ese momento el calor se apodero de todo su ser. Sus ojos solo veían ráfagas de fuego y cuerpos desnudos enlazados entre sí.

No distinguía si eran hombres o mujeres, no distinguía donde comenzaba un cuerpo y terminaba otro. Estaba tranquila, parecía que su mente no sentía extrañeza ante lo que sus ojos veían.

Cientos de manos acariciaron su cuerpo esa noche, decenas de veces fue poseída por desconocidos de los que no recordaría su rostro. Nunca recordaría cuantas personas disfrutaron de ella esa noche.

Despertó en su cama por la mañana, miro su habitación y todo parecía normal. No entendía nada ¿Había sido un sueño? ¿Nada de lo que había vivido era real?

Se levanto y fue a la ducha. Mientras se duchaba recordó algo. Desnuda y sin secarse corrió en busca de su abrigo, busco en el bolsillo y su cara se transformo en una mueca aterrorizada. Alli estaba… un pequeño papel doblado. Con cuidado y temor lo desdoblo, en voz alta leyó: BIENVENIDA AL MUNDO DE SATAN.

1 comentarios:

sickofhell dijo...

Que chulo, ¿y no sigue? Me dejas con la intriga jeje un beso y enhorabuena.

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