sábado, 29 de junio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 2)

Las lagrimas de ANA
  
CAPITULO 2

Mi diecisiete cumpleaños. Me desperté sabiendo que hoy sería el día que marcaría el resto de mi vida.

Me levante feliz. Tenía tantas cosas que hacer…

Ese día había quedado con mis amigas. Íbamos a ir de compras para la fiesta que había organizado por mi cumpleaños.

-          Buenos días Ana
-          Buenos días mama
-          ¿Vas a salir?
-          Sí, he quedado con las chicas para ir de compras.
-          ¿Para la noche?
-          Si
-          ¿Os portareis bien?
-          Claro mama. Ya sabes que Mario también viene.
Yo sabía que cuando le decía que Mario también venia, ella se quedaba más tranquila.
Confiaba totalmente en el. Mucho más que en mí. Era normal, porque Mario nunca había dado motivos para que no confiaran en el.

Era un chico responsable y atento.
Nunca dio problemas a sus padres, todo lo contrario. Yo estaba muy enamorada de el, a pesar de nuestras diferencias.

Éramos muy distintos y solía aburrirme mucho en su compañía. Es cierto que desde que le conocí había enterrado mi espíritu rebelde, o eso pensaba.

Tampoco mis amigas me llenaban. Teníamos mucha confianza y les tenía mucho cariño pero sus gustos y los míos eran muy diferentes.

Muchas veces me sentía fuera de lugar en mi mundo y entre mi gente. Era como si hubiera nacido en el lugar equivocado y en el momento equivocado.
Nunca me sentí parte de mi ambiente, siempre supe que mi lugar no era ese, era otro.

Pero hoy no iba a pensar en eso, hoy era la fiesta de mi diecisiete cumpleaños y era lo único que importaba.

Termine de desayunar me vestí y  me fui a saludar a mi padre a su despacho.
-          ¡Papa!
-          ¿Cómo está la niña de mis ojos?
-          Feliz esperando el regalo de mi papaíto.
-          Aun no está listo.
-          Papa, no me digas que no me has comprado nada… - Puse esos pucheros que a el tanta gracia le hacían.
-          Anda zalamera, vete a la entrada. – Le di un beso y Salí disparada en dirección a la entrada mientras el seguía mis pasos.
-          ¡Oh! Me encanta. – Grite al ver el flamante Porche negro brillante, que se encontraba en la  entrada.
-           
Pese a la alegría y la sorpresa que demostré, no era tal. Yo sabía que mi padre me regalaría el Porche porque se lo había pedido y nunca me había fallado en sus regalos.

Justo entonces vi llegar a mis amigas, Alicia y Clara, con las que había quedado para ir de compras.

Ambas miraron boquiabiertas el coche.

Las tres queríamos el mismo, pero a ellas aun no les habían complacido. Una vez mas era la envidia de ellas, a las cuales les fascinaba que mis padres me consintieran en todo lo que les pedía.

Sin demora nos subimos al coche y nos dispusimos a fundir mi tarjeta de crédito
.
Recorrimos las tiendas más exclusivas de la ciudad, nos probamos toda la ropa que quisimos y dejamos reservada la que más nos gustaba para que nos la enviaran a casa.

Paseamos por las zapaterías más caras en las que nos trataban como si fuéramos princesas. Era los beneficios de contar con una Visa sin límite de saldo.

Hicimos una parada en el salón de belleza, un salón al que pocas personas tenían acceso. Nos hicieron los tratamientos más innovadores, como si realmente lo necesitáramos.

Cuando estábamos agotadas, nos fuimos a comer a un conocido restaurante de la ciudad.
Tras decirle a la amable camarera lo que íbamos a comer y mientras bromeábamos sobre lo que haríamos esa noche, el crujir de una moto llamo mi atención.

En un primer momento el dueño de aquella moto no reparo en mi, estaba parado junto a una parada de autobús. Fije mis ojos en el, la verdad no se veía mucho y tampoco sé porque le miraba. Era una especie de curiosidad.

En ese momento el giro su cabeza y poso sus ojos en mi. Me dejaron helada. Era lo único que se le veía tras el casco.

El me recorrió con su mirada mientras yo me quedaba fija mirándole. Lo que más me impactaba era la lujuria que adivine tras esa mirada, lujuria con la que ninguno de mis amigos ni conocidos, se había atrevido a mirarme jamás.
-          Ana ¿Qué miras? – Me interrumpió Clara, una de mis amigas.
-          Nada.
-          ¿Quién será? – Pregunto Alicia, otra de mis amigas, a la que no le había pasado inadvertido el lugar hacia el que iba mi mirada.
-          No sé. – Respondí
-          Pues no parece que tenga mucho que ver en este barrio, será mejor que cuidemos de nuestras carteras. – Bromeo Clara.

Era cierto, su indumentaria y la persona con la que ahora se le veía hablando, no parecían tener mucho en común con esa zona de la ciudad.

Tras echar un último vistazo a Ana, arranco la moto y desapareció de la vista de las chicas.

-          En este barrio últimamente se ve gente poco recomendable ¿No crees Ana? – Pregunto Alicia mirándome de forma extraña.
-          Si, supongo que sí. – Respondí con vehemencia.
-          Bueno, sigamos con lo nuestro. – Cortó Clara alegremente.

Todas seguimos el cambio de conversación, que sugirió clara y en poco tiempo parecimos olvidarnos del extraño personaje de la moto.

Lo que no sabíamos era que ese no sería nuestro último encuentro con el, ni que iba a destrozar mi vida y la de las personas que me rodeaban.
Prologo:  http://nereauzquiano.blogspot.com.es/2013/06/las-lagrimas-de-ana-prologo.html
Capitulo 1: http://nereauzquiano.blogspot.com.es/2013/06/las-lagrimas-de-ana-capitulo-1.html

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