jueves, 11 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 13)

CAPITULO 13

A esta segunda dosis le siguieron muchas más.

Pero no solo de esa droga, sino que comencé a consumir otras.

Cuando los dolores físicos fueron desapareciendo, empecé a necesitar eliminar el dolor del alma. Ese que es tan difícil de cuantificar y de curar.

Las drogas no me lo curaban, pero si lo mitigaban. O al menos hacían  que desaparecieran durante un rato. Lo malo es que ese rato cada vez era mas corto.

Mis padres estaban encantados de ver que me había recuperado.

Cuando me sentía mal, cuando mi cabeza recordaba lo sucedido, cuando me sentía sola… tomaba aquellas dosis y me sentía bien otra vez.

Empecé a necesitar cada vez más dosis para poder llegar a sentirme bien.

Pero yo seguí sin ver el peligro que aquello suponía. No quería ver que aquella necesidad era cada vez mayor.

Me convertí en su mejor cliente. El estaría encantado ya que no siempre consigues enganchar a alguien con mi solvencia económica.

Compraba sin limitaciones ya que el dinero no me suponía ningún problema.

Poco a poco mi mundo empezó a ser ese exclusivamente y cada vez iba consumiendo más a menudo.

La euforia del principio empezó a desaparecer y mi carácter fue cambiando.

Las discusiones en mi casa se convirtieron en habituales.

Con Mario las cosas también iban mal. No entendía que me pasaba, pero al ser más joven, Mario empezó a sospechar.

-          Ana ¿Qué te pasa?
-          Nada
-          Ana
-          Mario, estoy harta de que me agobies
-          ¿Qué te agobie?
-          Si
-          Ahora te agobio
-          Ahora no Mario, siempre.
-          Estas cambiando Ana y no me gusta
-          Déjame en paz
-          Ana, creo que se cual es el problema

Me enfurecí ¿Qué diablos le pasaba? Yo no había cambiado. Eran ellos que no me dejaban en paz.

Claro que Mario se había dado cuenta antes que yo de cual era el problema.

El drogadicto siempre es el ultimo en reconocer cual es su problema.

-          Ana ¿Estas tomando drogas?
-          ¿Te has vuelto loco?
-          No Ana, conozco los síntomas.
-          Esta conversación termina aquí y no te atrevas a repetir lo que me has dicho.

Me fui echa una fiera ¿Cómo se atrevía a sugerir que  tenía un problema con las drogas?

Era cierto que consumía, pero yo lo controlaba perfectamente. Podía dejarlo cuando quisiera.

Se lo había ocultado porque sabía que el no lo entendería.

Mario era deportista y siempre había dicho que las drogas mataban. Siempre tan exagerado Mario.

Todo esto solo hizo que nuestra relación fuera a peor y me distanciara cada vez mas de el.

Aun así, Mario siguió a mi lado. Siguió intentando hacerme vez la realidad. Aunque yo no se lo permití.

Cuando peor se puso la cosa con Mario, fue cuando alerto a mis padres de la situación.

Preocupado por cómo me veía deteriorarme y alejarme cada vez más de el, de mis amigas, de mi familia, hablo con mis padres y les explico sus temores.

Les pidió que controlaran mis gastos, ya que el pensaba que todo el dineral que me gastaba era en drogas.

Mis padres pusieron el grito en el cielo y me empezaron a controlar los gastos. Me quitaron las tarjetas y me pusieron una asignación.

Afortunadamente la asignación, que mis padres me pusieron, seguía siendo muy generosa, por lo cual no tenía mucho problema para poder seguir comprando mis sustancias.

De todas formas aquello me hizo explotar con Mario. Rompí con el.

Tuvimos una discusión tremenda, le eche en cara que se metiera en mi vida y que hubiera puesto a mis padres en mi contra.

En realidad la única que estaba poniendo a todo el mundo en su contra era yo. Yo sola con mis cambios de humor iba  alejando a todos poco a poco de mi lado.


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