viernes, 12 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 14)

CAPITULO 14

Pese a romper con Mario, finalmente volvimos.

Mario hizo todo lo posible por reconquistarme. Venia cada día con flores, me invitaba a salir, se disculpo hasta la saciedad… hasta que finalmente consiguió que volviera con el.

Lógicamente la relación no iba bien. Yo seguía consumiendo y Mario lo sabía, aunque no dijera nada por no molestarme.

Si he de ser sincera, nunca pensé que iba a perder a Mario. Estaba tan acostumbrada a que estuviera a mi lado, que no imaginaba la vida sin el. Tampoco solía planteármela con el.
Más que mi novio, era mi mejor amigo. Al que recurría siempre que tenía algún problema.

Nuestra relación de pareja, se deterioro tanto que no teníamos apenas relaciones, eso debió ponerme en alerta, pero estaba tan ocupada con mis cosas que ni me di cuenta o me dio igual.

Mario venia a verme y salíamos, pero cada vez menos. Sus visitas se iban espaciando. Cuando salíamos íbamos como dos desconocidos, casi no hablábamos y agradecíamos que viniera más gente con nosotros.
Estar solos era un verdadero suplicio. Era cuestión de tiempo que Mario tomara una determinación.

Se cansó y nuestra reconciliación… termino junto a nuestra relación.

Un día, hablo conmigo.

-          Ana, lo siento. No puedo más. Te amo y he intentado ayudarte, pero no me dejas.
-          No necesito ayuda Mario.
-          Si la necesitas Ana, pero yo ya no puedo ayudarte.
-          No te he pedido ayuda.
-          Lo sé Ana, pero no soporto ver cómo te destruyes.
-          De verdad cuando te pones así no te soporto.
-          No vas a tener que hacerlo más tiempo.
-          ¿Me estas dejando?
-          No puedo más Ana. No puedo seguir contigo en estas condiciones.
-          Lo estabas deseando.
-          No. Y no te admito que me digas eso. Sabes que he luchado por esta relación. Pero ya no tiene sentido. Por más que hago tú no te das cuenta y sigues cayendo en ese pozo.
-          Mario, no quiero más discursos. Si no quieres que nos veamos mas no lo haremos. Pero basta de charlas.
-          Muy bien Ana, ojala te dejes ayudar por alguien.
-          No necesito ayuda de nadie.
-          Muy bien. Solo espero que sepas lo que haces y no te destroces más la vida.

Pensé que era algo temporal, que se había enfadado pero que se le pasaría, nunca pensé que fuera definitivo.

Me dolió la ruptura con Mario, pero también me supuso un desahogo por otra parte.

Era uno menos para agobiarme sobre lo que me ocurría. Y yo estaba tan centrada en mi nuevo mundo, que ya no estaba enamorada de el, si es que lo había estado alguna vez.


Ahora solo me importaba obtener mi dosis y mi cabeza no estaba en Mario.

Mario, antes de desaparecer de mi  vida, me hizo un último favor. Aunque yo no lo vi así. Es más, lo odie como nunca había odiado a nadie.

Hablo seriamente con mis padres, les dijo lo que sucedía y que el no podía ayudarme más. Que lo había intentado todo, que había querido permanecer a mi lado para poder ayudarme, pero que le era imposible.
No quería seguir viendo como me destruía. Les explico que seguía muy enamorado de mi y que por ese motivo tenía que alejarse.

Se iba de la ciudad. Iba  a terminar sus estudios en Madrid, quería poner kilómetros por medio e intentar rehacer su vida sin mí.
Les pidió que me cuidaran y que si necesitaban ayuda, el estaría disponible siempre. Que por favor intentaran ayudarme ellos, ya que el no había podido, aunque tal vez fuera demasiado tarde.

Mario, no sabía que para mí todo era tarde, desde mi diecisiete cumpleaños. Desde aquella noche que decidí guardar silencio.
Desde esa noche, todo lo que sucedía a mí alrededor, me echaba más a los leones.
Incluso el, con todo lo que me amaba, me empujo mas al precipicio sin darse cuenta.

Cuando Mario, hablo con mis padres una catástrofe se comenzó a cernir sobre mí.

Un día al llegar a casa, mis padres estaban en el salón esperándome.
-          Ana ven, tenemos que hablar contigo. – La voz de mi padre debió advertirme de que algo sucedía. Algo muy malo.
-          ¿Qué ocurre papa?
-          Mario ha estado en casa y nos ha contado lo que sucede.

Efectivamente unos nubarrones negros se cernían sobre mi ¿Cómo había sido capaz Mario de hablar con mis padres?

Esa vez mis padres si se lo tomaron en serio, me redujeron a mínimos mi asignación.
Me ofrecieron su ayuda pero yo la rechace diciéndoles que no necesitaba ayuda de nadie.

Me parecía mentira que mis padres, con el dinero que tenían se negaran a darme lo que necesitaba.

Era la primera vez que me habían cerrado el grifo económico y estaba furiosa con ellos.

Ahora apenas hablaba en casa, no tenía dinero para comprar lo que necesitaba y me ponía cada vez peor.

Físicamente estaba destruida, me daban escalofríos, dolores de cabeza, momentos de agresividad… Mis padres estaban destrozados viéndome así y sabiendo que no me dejaría ayudar. Incluso el personal de servicio me miraba con lastima.

No podía seguir así, además no necesitaba a mis padres, tenía un amigo que seguro me iba a ayudar.

También Clara y Alicia me habían negado su ayuda.

Mario hizo un buen trabajo alejándome de todo el mundo antes de irse. Eso pensaba.

Cuando les pedí dinero, me lo negaron. Me explicaron que Mario les había contado los problemas que tenia.

Ellas también me ofrecieron su ayuda, ayuda que yo rechace.

Les dije furiosa que no volvieran a buscarme ni a llamarme, que a una amiga no se le niega algo cuando lo necesita y que yo no tenía problemas con las drogas.

Les grite que Mario estaba enfadado porque había roto con el y que por eso estaba poniendo a todo el mundo en mi contra.


No funciono, no me creyeron. Conocían a Mario y sabían que ese no era su modo de actuar.

Así estaba mi mente en aquel momento. Mis amigos, mis padres, Mario… se convirtieron en mis enemigos para mí y mi violador, la persona que había destrozado mi vida, lo veía como un amigo al que recurrir.


Hubo un día que me encontraba realmente mal y ese fue el día que recurrí a Jose Luis. No tenia mas opción, necesitaba mi dosis y esperaba que el pudiera fiarme algo. Se lo pagaría. Siempre se lo pagaba.


No fue tan fácil como esperaba, en ese mundo nadie regala nada. Y nadie es amigo de nadie. Todo es negocio y dinero.

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