sábado, 13 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 15)

CAPITULO 15

-          ¿Te has pensado que soy una ONG?

Me pillo desprevenida su respuesta. En mi mente éramos amigos y el me trataba como si yo fuera una “yonkie” mas.

Le explique que era temporal, que en mi casa se habían puesto las cosas feas, pero que lo solucionaría y le pagaría. Nunca había fallado en ningún pago y era la primera vez que tenía que pedirle.

No le ablande. Tras suplicarle, rogarle… finalmente me dijo de quedar.

Se lo agradecí como a alguien que te hace un gran favor. En aquel momento Jose Luis había dejado de ser el tipo que me violo, el desgraciado por el que tuve que abortar, el malnacido por el que había perdido a mi novio y estaba perdiendo a mi familia.

Ahora mismo veía en el a un amigo que me estaba haciendo un gran favor fiándome las drogas a las que el me había enganchado.
Hasta ese punto nos hace confundir la realidad esas sustancias.

Hasta ese punto nuestro cerebro deja de funcionar.

En ese momento, el era el único amigo que tenia, el único dispuesto a ayudarme.

Fui contenta a la cita que tenia con jose Luis. Por suerte el no me había fallado. O eso pensaba yo. En realidad iba a ver su cara más siniestra.

Tuve que esperar un rato hasta que llego. Querría acentuar mi ansiedad para así sacar de mi lo que quisiera.

Cuando le vi llegar fui a su encuentro.

-          Hola
-          Yo… quería agradecerte.
-          ¿Agradecerme?
-          Si, por entender que es algo temporal y que te pagare.
-          Claro que me  vas a pagar, ya te he dicho que no soy una ONG.
-          ¿Pero no me vas a prestar?
-          ¿Prestar? Bonita, esto se vende, no se presta, no es un pantalón.
-          Pero ahora no tengo dinero y lo necesito.
-          Ya te dije que esto cuesta dinero, no se da gratis.
-          Por favor, solo un poco. Lo mínimo.

Tuve que suplicarle otra vez, rogarle… parecía que nada le hacía efecto. Mi desesperación estaba llegando a su grado máximo.

-          Bueno, por esta vez, estoy dispuesto a hacer una excepción
-          ¿Me vas a prestar? Gracias de verdad
-          No
-          ¿Entonces?
-          Estoy dispuesto a darte algo, a cambio de otro pago.

Cuando se miro la entrepierna supe lo que estaba diciendo. No me lo podía creer.

-          Yo… no puedo
-          Entonces no me hagas perder más tiempo. – Se dio la vuelta dispuesto a marcharse.
-          Espera. – le dije
-          ¿Sí?
-          Por favor, no me hagas eso.
-          Te he dicho cual es el pago.
-          Pero…
-          ¿Sí o no?
-          Está bien
-          Muy bien, vamos.

Me subí a su moto y salimos. Evidentemente no se molesto en llevarme a un gran hotel, ni tan siquiera  a un pequeño hotel.

Paro en una especie de pantano que había a un lado de la carretera y allí mismo me miro, bajándose la cremallera y me dijo:

-          Supongo que sabes cómo se hace ¿no?
-          Si

No puedo explicar el asco que sentí, mientras le realizaba el sexo oral.
Mi dignidad había quedado destruida para siempre, echa cenizas. Ahora mismo sentía que no valía nada, no era nada. Cuando se canso me penetro, produciéndome un daño horrible, al menos esta vez, estaba usando preservativo.

Me estaba prostituyendo y yo lo sabía. No podía disfrazar eso.

Cuando terminamos, me volvió a llevar a la playa y sin decirme una sola palabra me dio una pequeña dosis y se marcho.

Me senté en una roca que había y mirando aquello en mi mano llore amargamente.

¿Qué estaba haciendo? Había sido capaz de prostituirme por aquella porquería.

¿Cómo había sido capaz de prostituirme con la persona que me había hecho tanto daño? ¿Qué me estaba pasando?

¿A dónde me estaba dejando llevar? ¿Hasta dónde había caído? ¿Hasta dónde iba a seguir cayendo?

Tenía que dejar todo esto, no podía bajar más. Esa sería mi última dosis, yo podía dejarlo cuando quisiera y este era el momento.

Me sentía tan sucia que pensé que no podía volver a caer en lo mismo. Si seguía no iba a tener remedio y no quería verme aun peor.

Volví a mirar la dosis y me dije, la ultima Ana. Esta será la última.

Me la tome y volví a sentirme un poco bien. No demasiado ya que era poco para lo que yo estaba acostumbrada a consumir. Al menos me quito el mayor malestar de mi cuerpo.

Evidentemente no fue mi última dosis, que mas hubiera querido yo.

Cada dosis que me metía, me decía a mi misma que sería la última, pero nunca lo era.

Lo mismo que tampoco fue la última vez que el disfruto de mi a cambio de una dosis. Se convirtió en algo habitual que tuviera que venderme a el para que me  diera un poco de cocaína.

Ya no podía ocultar lo que me ocurría. Era evidente cual era mi problema.

Ni tan siquiera lo negaba en mi casa, solo guardaba silencio. Cuando mis padres intentaban hablar conmigo, callaba y esperaba que pasara. Ni discutía ¿Para qué?

-          Ana esto no puede seguir así.
-          Si papa.
-          Si papa, no ¿Acaso no te ves?

El deterioro físico que estaba sufriendo saltaba a la vista. Era apenas una sombra de la niña mona que había sido en antaño.
Mi delgadez era extrema y unas marcadas ojeras adornaban mis ojos. Tampoco me arreglaba como antes.
-          Es que no me he maquillado.
-          No es el maquillaje y lo sabes.
-          Ya.
-          ¿Tampoco ves que nos estas matando a tu madre y a mí?

Era cierto y claro que lo veía. Mi madre jovial como era y tan cuidada pese a su edad. Ahora su rostro estaba demacrado, arrugado. Ya no salía con sus amigas como antes, permanecía en la casa, en silencio.

Mi padre, fuerte, robusto… ahora estaba delgado y demacrado también. Era quien más desgaste físico sufría de los dos. O a quien más se le notaba.

-          Tienes que dejarte ayudar hija, piénsalo.

Me fui a mi habitación pensando que había tocado fondo, que todo me daba igual. Que ya nadie me podría ayudar. Solo quería tener mis dosis.

Mis padres, viendo que no tomaba la decisión de dejarme ayudar, me dejaron de dar dinero. Pensé que me daba igual. Mientras me acostara con Jose Luis no me faltaría mi dosis diaria.
No tarde mucho en descubrir que no había tocado fondo, pero que ese fondo, se estaba acercando peligrosamente a mí.

Una vez más, descubrí que en ese mundo no hay amigos y que cada vez pagas un precio mayor por estar en el.

Prohibida su difusión.

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