martes, 16 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 18)

CAPITULO 18

Pasé una noche espantosa. Sentía mucha vergüenza, tenía mucho miedo de enfrentar, lo que imaginaba que, se me venía encima.

Una vez Mario estuviera más tranquilo, yo sabía que se pondría en contacto conmigo. Era su ex novia. Aunque hubiéramos roto, conociendo a Mario, sabía que iba a venir a verme.

Eso era lo que menos me apetecía en ese momento. Ver a Mario y escuchar sus palabras y sus ofrecimientos de ayuda. Le conocía tan bien, que casi estaba escuchando las palabras que me diría.

No solo me afectaba el hastío de lo que me diría, también sentía mucha vergüenza dentro de mí. Nunca pensé que Mario se fuera a enterar y mucho menos que se enterara de esta forma.

Todavía veía sus ojos, su lastima reflejada en ellos. Cuanto lloraría Mario esa noche.

Temblaba de pensar que debería enfrentarme a el. No había excusa posible para lo que había visto ¿Qué podía decirle? ¿Qué no era lo que parecía? Claro que era lo que parecía y era obvio además.

No había mucho que decir. Contarle todo lo que había sucedido desde el principio ya no tenía sentido.
Es cierto que sería un atenuante, pero nada iba a justificar todo lo que había hecho después.

Pese a que el comienzo no había sido culpa mía y yo era solo una víctima, todo lo ocurrido después me condenaba. Me condenaba a sus ojos, a ojos de mis padres y de mis amigas. Nadie entendería nunca las decisiones que tome.

Lo mejor era seguir guardando silencio. Esa era la vida que había escogido, equivocada sí. Pero era el camino que había tomado y sentía que ya era muy tarde para mí. Que era muy tarde para intentar enderezar mi vida.

Debí buscar ayuda, porque no hubiera sido tan tarde, era muy joven y podía salir de todo aquello. Seria duro, pero ahora creo que me hubieran ayudado.

Por desgracia para mí, no busque esa ayuda. Y mi vida una vez más dio un vuelco a peor.

Mario no se puso en contacto conmigo, tal y como yo esperaba. Lo que hizo fue mucho peor. Mucho más vergonzoso para mí y con consecuencias mucho peores.

Sé que lo hizo para intentar ayudarme una vez más, pero en aquel momento me hundió un poco más en el fango.

Su decisión me empujo un poco más a la mala vida que llevaba.

No le culpo, la única responsable era yo, pero tal vez si hubiera intentado hablar conmigo primero, todo sería diferente.

Mario no me llamo. Pero si hablo con mis padres.

Mi padre estaba tan débil, había sufrido tanto por mi culpa…
Para el saber que su hija se drogaba era una tristeza inmensa, pero saber que se prostituía, que vendía su cuerpo por unas monedas, fue un golpe que no pudo superar.

Supongo que por su mente paso toda su vida conmigo. Su lucha por tenerme, que tanto les costo. Su gran ilusión cuando, finalmente, mi madre se quedo embarazada de mi.

Tantos años de rebeldía hasta que por fin, me vieron más tranquila con Mario.
Y ahora… su princesa era una prostituta además de drogadicta.

Pese a que Mario les conto todo con mucho tacto, explicándoles que no era culpa mía sino de la vida que llevaba… mi padre sufrió un infarto. Su corazón, tan debilitado… no puedo más. Se cansó de pelear mas por mí, creo que se dio cuenta de que, ahora sí, me habían perdido para siempre.

Tal vez se sintió responsable, por no darme dinero. Pobre hombre, su gran ilusión termino matándole.

Yo tarde varios días en enterarme. Muchas veces salía y tardaba, semanas en volver. En mi casa ya se habían acostumbrado a mis ausencias y como hablábamos poco, ya no me pedían explicaciones de lo que hacía.

Si había consumido mucho, no me gustaba ir a casa, me quedaba en casa de cualquier yonkie a pasar los días.

Otras veces si tenía dinero, me quedaba con ellos para consumir sin parar.

Esa era la vida que llevaba habitualmente.
Aquel día llegue a casa, después de varios días sin aparecer.

Según entre mi madre vino a mi encuentro. Estaba demacrada y con los ojos de no haber parado de llorar. Pero no era lo que más me impacto. Lo que me dejaba paralizada era el odio que veía en sus ojos. Jamás mi madre me había mirado así ¿Qué estaba pasando?

Recuerdo sus palabras como si me las dijera hoy:

-          Quiero que te vayas de mi casa y no vuelvas.

Al principio le mire sin reaccionar. Era la primera vez que mi madre me hablaba con ese desprecio.

En ese momento pensé que Mario había hablado con ellos, pero ni imagine las consecuencias que había tenido esa conversación.

-          ¿Mama?
-          No me llames así.
-          Mama escúchame
-          No, vete
-          Mira, si es por algo que os haya dicho Mario, no le creáis. Esta despechado.
-          ¡Vete! ¡Tú le has matado! ¡Tú has sido su ruina y la mía!
-          ¿A quién? ¿De qué me hablas?
-          A tu padre. Tú le has matado.

Le miraba sin creer lo que me estaba diciendo ¿Mi padre estaba muerto? Las preguntas se agolpaban en mi mente. ¿Por qué?

-          Pero… ¿Cuándo?
-          Hace tres días. Saber que su hija era una vulgar ramera lo ha matado.

En ese momento entendí todo. Mario había hablado con ellos y les había dicho lo que había visto.

Mi padre, un hombre amoroso y un padre ejemplar,  pero terriblemente religioso y recto, no había podido soportar saber de dónde sacaba el dinero su hija.

Y mi madre me culpaba a mí de su muerte. Normal, es que yo era la culpable de lo que había ocurrido.

Le dije a mi madre que la culpa había sido de Mario, que no debía haberse metido ni dicho nada, pero mi madre estaba cerrada.

-          Quiero que te vayas y no vuelvas.
-          Pero… No tengo a donde ir
-          No me importa.
-          Soy tu hija
-          ¡NO! Yo no tengo hija. Mi hija ha muerto.

No tuve oportunidad de hacerle recapacitar, tampoco lo intente demasiado ¿Para qué?

Tarde  o temprano esto tenía que pasar, se tenían que enterar de todo lo que ocurría.

Salí de la casa con lo puesto, no quería retrasar el momento y tampoco sabía si mi madre me iba a permitir coger algo.

Sentí una rabia inmensa contra Mario ¿Acaso no estaba lo bastante destruida que quería destruirme más?

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