miércoles, 3 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 6)

CAPITULO 6

Desde aquel día, me esforcé en seguir con mi vida dejando atrás lo que había ocurrido.

No conseguí olvidar y cada noche soñaba con ello. Aun así, conseguí disimular y proseguir con mi vida con relativa normalidad.

Seguí quedando con mis amigas Clara y Alicia, nuestra amistad era fuerte y no se resentía, a pesar de que era evidente que yo no era la misma.

Con mis padres la relación estaba un poco tensa, ya que mi carácter se había agriado mucho y no conseguía ser la misma de antes.
Me irritaba con mucha facilidad y perdía la paciencia ante el mínimo obstáculo.

Eso en mi casa se llevaba mal, ya que nunca habían soportado los gritos, ni que la gente perdiera los papeles.

Al no saber el motivo por el cual yo estaba tan irascible, mis padres censuraban mi comportamiento y pensaban que mi actitud volvía a ser la misma del pasado. Una actitud que ellos creían superada.

Con Mario la cosa no iba mejor. La relación tampoco iba bien.

Con Mario ya no era solo mi carácter, que era peor aun que en mi casa, la peor parte se la llevaban mis relaciones sexuales con el.

Nunca me apetecía estar con el y cuando estábamos, yo era fría, estática.

Mario no entendía que era lo que me pasaba, el porque aquel cambio en mí, porque de ser una persona apasionada había pasado a ser un tempano de hielo.

Si me pongo en su lugar… era normal que no lo entendiera, yo tampoco lo hubiera entendido.

El intento que afrontáramos nuestros problemas, pero cuando lo planteaba solo conseguía que yo me fuera dando un portazo.

Un día estuve a punto de explotar y contárselo todo, pero a última hora me eche atrás y perdí una oportunidad de oro de ser sincera con la persona que mas me quería.

Nadie nunca me volvió a querer como Mario. Que injusta fui con el ocultándole todo.

-          ¿Qué pasa Ana?
-          No pasa nada Mario
-          Sabes que no estás como antes
-          Mario, es que me agobias
-          No te agobio, simplemente no entiendo el cambio.
-          Es que no he cambiado.
-          Si has cambiado.
-          No
-          Has cambiado conmigo, con tus amigas, con tus padres…
-          Eso no es verdad, os estáis volviendo muy pesados.
-          ¿Pesados?
-          Si, pesados. Os pasáis el día diciéndome lo que he cambiado y agobiándome.
-          Igual es porque nos preocupamos por ti Ana.
-          Pues dejar de preocuparos. Si no estuvierais encima mío, tal vez yo no estaría tan irritable.
-          No solo es irritable ¿Crees que lo nuestro es una relación de pareja?
-          Mario, si la relación falla no te atrevas a echarme la culpa solo a mí.
-          No estoy buscando culpables, Ana, sino soluciones.
-          Pues siempre escoges el peor momento.

Y con un portazo mío, terminaba siempre la discusión.

Esta misma discusión se repitió en infinidad de ocasiones.

Y siempre con el mismo resultado. Mario, seguía  a mi lado, haciendo gala de su infinita paciencia y gran amor hacia mí.

Suelen decir que las cosas siempre pueden ir a peor y aunque yo pensaba que las cosas no podían ser peores, no tardé en descubrir que sí, que todo puede empeorar siempre.

Empecé a encontrarme mal. Mi estomago no era el de siempre.

Me mareaba con facilidad y me pasaba el día vomitando. Nunca imaginé lo que podía ser, pensé que estaría con anemia dado que apenas comía.

Un día mi madre me enfrento:

-          Ana, ¿no estarás embarazada?

Sentí que la tierra se hundía a mis pies.

Mi mente saco cuentas rápidamente y el pensar en esa posibilidad hacia que me quisiera morir.
La vida no podía darme otro golpe, no era justo, maldita sea, no era justo.

Sabía que tenía que quitarme esa duda de mi cabeza. Cuando conseguí armarme de valor, acudí a una farmacia alejada del lugar donde yo vivía y compre una prueba de embarazo.

Tarde varios días en hacérmela, en mi interior ya sabía el resultado, pero tenía miedo de tener esa confirmación entre mis manos.

Cuando finalmente la hice… el resultado era el esperado.

Estaba embarazada y el padre podía ser el desgraciado que aquella noche abuso de mí.

Ahora sí, me quería morir ¿Por qué? ¿Por qué el destino quería destruir mi vida? ¿Por qué no podía empezar de cero, si yo no era responsable de lo ocurrido?

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