jueves, 4 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 7)

CAPITULO 7

Se me cayó el mundo encima. En aquel momento sentí como mi vida terminaba. No vi una sola salida que pudiera ser válida para mí.

No podía hablar con Mario, no sabía si el hijo que esperaba era de el.

¿Cómo podía entender Mario, que no hubiera hablado antes con el?

Tampoco podía hablar con mis padres. Decirles toda la verdad suponía matarlos.
No era solo lo que había ocurrido aquella maldita noche, sino que además aquello iba  a tener consecuencias.
Mis padres, católicos practicantes, no iban a poder soportarlo.

Hablar con mis amigas estaba descartado. Pese a la fidelidad que me profesaban, no iban a poder mantener en silencio algo así. Me presionarían para que hablara con Mario y con mis padres.

Por primera vez me vi sola y sola tendría que tomar una decisión.

Una vez más, tome la peor decisión que podía tomar, y mis errores siguieron siendo una cadena de despropósitos.

Lo primero que había decidido es que ese niño no podía nacer.

Si, nadie debía enterarse de lo ocurrido, tenía que mantener mi mentira y no había otra solución posible.

Otra salida era no decir nada y hacer creer a todos que el padre era Mario. Sabía que, pese al disgusto inicial, después sería recibido con alegría tanto por mis padres, por Mario, como por los padres de Mario.

Nos ayudarían en todo y el niño crecería feliz ajeno a su modo de concepción.

Pero no era justo para nadie. Mario me amaba por encima de todo y no se merecía esa mentira. Tampoco todas las demás, pero mi cabeza ya había dejado de pensar con normalidad y se iba enmarañando cada vez más dentro de mis mentiras.

Tampoco se lo merecían sus padres, que siempre me habían tratado como si fuera una hija más.

Ya les había mentido suficiente a todos, no quería engrosar mi lista de mentiras y menos añadiendo una de semejante tamaño.

Eso sí que no me lo perdonarían nunca, ni Mario, ni mis padres.

Yo misma no me podría perdonar una mentira así.

La única salida que me quedaba era abortar. Dios mío… si mis padres me escucharan nombrar esa palabra…

Pero tenía un problema. Pese a que siempre había sido una chica rebelde en busca de emociones y pensando que era la más mala del lugar… nunca me había movido por círculos conflictivos. Siempre había sido una chica rebelde, protegida por mi ambiente.
No sabía dónde acudir, ni  a quién. Solo era una niña bien, metida en un lio que nunca hubiera imaginado.

En mi barrio no podía y desde luego jamás acudiría a mi médico. Mis padres se enterarían antes de que yo saliera de la consulta.

Los barrios tan selectos era lo que tenían, que ningún médico ocultaría algo así a los progenitores.
Estos eran los que mantenían económicamente a esos médicos y ellos les ofrecían fidelidad absoluta.

Tenía que haber otra manera…

 Yo había visto en reportajes de televisión, como algunas chicas abortaban de manera clandestina en algunas clínicas y pisos.

Lo que había escuchado no era demasiado bueno, pero sabía o eso creía, que las televisiones siempre exageraban.

Era el único lugar donde lo veía posible. Allí nadie hacia preguntas, ni les interesaba quien eras, ni de donde venias.
Tú pagabas y te quitaban el problema de encima.

Por mucho que yo intentaba verlo así de fácil, me daba mucho miedo hacer algo fuera de la legalidad y desde luego estaba aterrada de tener que ir sola.

Me imaginaba tumbada  en una camilla, en un piso viejo y sucio, yo sola, mientras una vieja se metía entre mis piernas.

Solo pensar en esa imagen hacia que mis piernas temblaran.

Debía conseguir que alguien me acompañara, pero no podía ser nadie cercano a mí.

Justo entonces recordé algo que me helo la sangre. Esa era la solución. El era la única persona a la que podía recurrir. Además, estaba obligado a ayudarme.

Debía localizar al chico que me destrozo la vida aquella noche.

En aquel momento todo tenía sentido en mi cabeza, por mucho que al pensarlo ahora me parezca todo tan grotesco.

Así fue como tome a otra de mis absurdas decisiones.
Decisiones que, sin darme cuenta, me iban hundiendo cada vez más.



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