martes, 8 de octubre de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPÍTULO 24)

CAPITULO 24

La vida en prisión no era fácil y menos para alguien tan joven como yo.

No sabía con quien hablar ni a quien acercarme.

Pasaba las horas sola. Tampoco tenía visitas ¿Qué visitas iba a tener si nadie sabía dónde estaba?

Entre las mujeres de la prisión había grupos. Eran habituales las peleas entre las presas de las diferentes bandas. Al principio me ponía muy nerviosa, viendo como nadie hacia nada, viendo la indiferencia del resto y de las mismas funcionarias.

Yo intentaba no acercarme a nadie por miedo. Me mantenía en mi esquina en el patio, sin apenas moverme. En las comidas debía compartir mesa, me ponía en una esquina libre que había y apenas levantaba la cabeza de mi plato.

En los primeros dos meses, vi muchas palizas y apuñalamientos.
Como ya te he dicho, era algo habitual. Raro era el día que no había alguna reyerta, en el patio principalmente.

No solo se veía entre las reas. También había abusos tremendos por parte de las funcionarias. Palizas, registros de celdas que terminaban en el desnudo de alguna presa. Incluso se hablaba de violaciones a las mismas.

Cuando escuchaba que algo así había sucedido, un frío recorría mi cuerpo. Decían que había una funcionaria que era mucho más cruel que el resto. “La Sherif” le llamaban.
Las veces que yo le había visto, había observado en ella una mirada llena de odio y desprecio hacia mí.

Por más que intente mantenerme al margen de todo, para mí fue imposible.

Para mí y para cualquiera. Aunque tú no busques los problemas, al final los problemas te vienen a buscar a ti.

Eso me paso.

Todas las mañanas salíamos al patio y yo solía bajar con un viejo libro que me dejo una funcionaria.

Conmigo esa funcionaria era amable. Creo que le daba pena verme tan joven y tan sola.

Nadie venia a verme ni a traerme nada.

Pase largos días y noches sin nada para consumir, lo que me hizo caer en varios estados de ansiedad y depresión que me convirtieron en un ser sin vida.

La funcionaria debió sentir tanta lastima de mi que una vez se acerco a mi celda a hablarme, cosa que no era nada común.

-          ¿No tienes familia? – Yo solo guarde silencio
-          Eso debe ser que sí.
-          Si.
-          ¿Padres? ¿hermanos?
-          Mi padre falleció y soy hija única.
-          ¿Tienes madre?
-          ¿le sorprende?
-          Un poco.
-          ¿Por qué?
-          Las madres siempre vienen y más cuando la hija que tienen aquí es tan joven.
-          Ya.
-          Ha tenido que ser muy grave para que haya dejado a su única hija en esta situación.
-          Lo fue.
-          Bueno, todo tiene remedio.
-          No, ya nada tiene remedio.
-          Hazme caso. Intenta hacer algo bueno para ti aquí y no te eches a perder.
-          ¿Mas?
-          Eres muy joven, tú aun puedes salir.
-          Tal vez sea joven en años, pero mi mente tiene mucha más edad.
-          La calle os envejece, es cierto.
-          Si
-          Aun así, escucha mis palabras. Tú puedes salir bien parada. Se ve que no perteneces a este mundo.

Me dejó un viejo libro para que pasara las largas horas con algo para entretenerme y se marcho.

Se lo agradecí. Las horas muertas mirando al techo o al resto de presas hacía que mis días no tuvieran fin.

Aquella funcionaria, por un tiempo, se convirtió en la única persona con la que yo hablaba.

Más bien hablaba ella, ya que mis respuestas eran parcas. Yo ya no era una persona de muchas palabras. Aunque tampoco ella hablaba nunca de sí misma.

Solíamos comentar el libro y me decía que me traería otro, cuando terminara ese. Ella pensaba que la lectura embellecía el alma ¿acaso yo aun tenia alma?

Poco a poco, y aunque parezca mentira, empecé a esperar con ansia aquellas charlas y mi mente empezaba a estar más lúcida.


No me trataba como a una presa más, me cuidaba y trataba con cariño. Hacía mucho que no sentía que nadie se preocupaba por mí.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

No sabia que escribias, he leido este capitulo y me pica la curiosidad por leer mas jaja. Mucha suerte, intentare comenzar desde el principio a leer ;)

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