miércoles, 9 de octubre de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 25)

CAPITULO 25

Aquel día, como otros muchos, yo estaba en el patio leyendo aquel viejo libro.

No sé como paso, pero un grupo de presas se acerco a mí.

Desde el momento que les vi a mi lado, me di cuenta de que no venían a preguntarme qué tal estaba. Note el problema que se me venía encima.

Con la mirada busque a aquella funcionaria, pero no la vi.

Todo empezó con preguntas intranscendentes, me miraban con una sonrisa burlona. Yo intentaba responder a todo lo que me preguntaban. Me decían que porque estaba sola, que porque no hablaba con ellas.
Siguieron diciendo que me creía demasiado buena y que por eso no me relacionaba con nadie.

No era verdad, no me relacionaba porque no tenía ni idea de cómo hacerlo. Les tenía tanto miedo que me sentía más segura en mi soledad.
Solo mirarlas ya me producía pavor.

Aquel día recibí la mayor paliza de mi vida. Me dieron golpes en cada esquina de mi cuerpo sin que nadie dijera nada ni interviniera.

Me pareció ver que dos funcionarias veían el espectáculo sonriendo. También pude ver a “la Sheriff”

No puedo estar segura de más, ni recuerdo mucho  porque perdí el conocimiento.

Desperté en la enfermería de la prisión. Me dolían todos los huesos del cuerpo y apenas recordaba lo que había sucedido.

Fue con el paso de los días cuando recordé la paliza que me habían dado.

También la medico y la enfermera me contaron un poco de las condiciones en las que llegue.

Me dijeron que mi cuerpo estaba totalmente amoratado, que no entendían como había salido tan bien parada de semejante montón de golpes.
Me dijeron que estuve varios días sedada y que tenía dos costillas rotas, además de un pulmón perforado.

En enfermería poco a poco me fui recuperando, me trataban bien, podía hablar con personas y me sentía segura.

Pero sabía que esa seguridad no duraría siempre.  Tarde o temprano, tendría que volver a mi modulo y a mi celda.

Efectivamente no tarde mucho en tener que regresar.

La funcionaria que siempre intentaba ayudarme intento retrasarlo todo lo que pudo, pero fue imposible.

Incluso hablo con la dirección para que me dejaran allí aunque fuera ayudando.

Decía que era una víctima fácil para el resto de presas.

Nadie le escucho y yo tuve que volver a mi vieja celda y a la compañía de las mismas presas que me habían apaleado.

Cuando regrese al principio nadie se metió conmigo, supongo que eso hizo que me confiara.

Nadie se acercaba a mí y todas me miraban de lejos.

La funcionaria me aviso.

-          No te confíes
-          ¿Por qué?
-          Porque solo es una calma temporal
-          ¿Volverán a por mí?
-          Sin duda.
-          Pero ¿Por qué?
-          Después de lo que paso fueron castigadas.
-          Pero yo no dije nada.
-          Lo se
-          ¿Entonces?
-          Para ellas sigues siendo responsable igual.
-          ¿Qué puedo hacer?
-          No bajes la guardia e intenta no alejarte mucho de las garitas.
-          No entiendo porque la han tomado conmigo.
-          Eres diferente Ana y ellas lo saben.
-          No lo soy.
-          Si Ana. Incluso bajo esa apariencia se nota que tú no perteneces a este mundo.


La funcionaria, una vez más,  no se equivoco. 

2 comentarios:

Chary Serrano dijo...

He leído algunos capítulos y enganchan.

Votada en los Bitácoras. ¡Suerte!

Nerea Uzquiano dijo...

Muchas gracias chari. Viniendo de mi cocinera favorita es un honor :*

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