miércoles, 16 de octubre de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 32)

CAPITULO 32

Según iba pasando el tiempo y las visitas, Alfredo y yo, íbamos cogiéndonos confianza. El seguía manteniendo esa seriedad que le caracterizaba, pero había dejado de ser tan distante conmigo.
Hacía mucho que no solo preparábamos el juicio. Hablábamos de mi, de mis padres, de mi futuro… ese futuro que ellos me habían regalado.
I
Una vez, llego a hablarme de su hija. No era algo habitual, todo lo que sabía era por Carmen, el jamás había tocado aquel tema.

-          Ojala Lidia hubiera tenido una oportunidad también. – Dijo, ensimismado en sus pensamientos.
-          ¿Lidia era su hija?
-          Si.
-          Siento mucho lo que le ocurrió. Debieron sufrir mucho.
-          Mucho si, nunca imaginaras cuanto.

Me daba tanta pena verlos sufrir… habían sido tan buenos conmigo que me rompía el alma sentir su dolor.

Continué con mis estudios y mi vida en prisión, junto a las visitas de Alfredo. Carmen estaba feliz viendo mi cambio y como su marido preparaba mi defensa.

Mientras yo intentaba continuar con la rutina de la cárcel, ocurrió algo que ninguno hubiéramos esperado.
Un día estaba en las duchas cuando escuche un ruido. Al girarme vi a “la sheriff” junto a otras dos presas. Dos de las presas mas problemáticas de la prisión.

-          Mirar si esta aquí la princesita. – Dijo “la sheriff” mirándome con desprecio.
-          No quiero tener problemas, no me he metido con nadie.
-          Claro, como tiene un abogado rico, cree que puede pasearse por aquí como si fuera la señora.
-          Eso no es verdad. – Dije temblando.

Las tres me miraban riéndose. Yo estaba desnuda y totalmente indefensa ante ellas y lo sabían.
Intente pasar por un lateral, para esquivarlas y salir de la ducha. Solo quería llegar a la seguridad de mi celda. Pero fue imposible.

Al intentar pasar “la sheriff” y una de las presas me agarraron, mientras la otra golpeaba mi cuerpo con saña. Mientras pude, intente gritar y soltarme, pero sus manos parecían de acero y nadie quiso escuchar mis lamentos.

No sabría decir cuánto tiempo estuvieron golpeándome, se que en algún momento caí al suelo y entonces eran las dos presas las que me golpeaban, mientras la funcionaria miraba con total indiferencia como se cebaban conmigo. No sé qué diablos tenía esa mujer contra mí, para tenerme ese odio.

Cuando desperté, observé que estaba en las celdas de aislamiento. Pero… ¿Por qué? Si yo no había hecho nada. No las había tocado, ya que en ningún momento tuve oportunidad alguna.

Carme fue quien me dio la respuesta.

-          ¿Qué ha pasado? – Me preguntó
-          No lo sé. Estaba en las duchas cuando han venido diciéndome que me creía mejor por tener un abogado rico. He intentado salir pero me han sujetado y golpeado. No recuerdo mucho ¿Por qué estoy aquí?
-          Te han denunciado a la dirección. Dicen que comenzaste la pelea y una funcionaria ha apoyado su relato.
-          Si yo no les he pegado. No he hecho nada. Tienes que creerme Carmen.
-          Te creo. Se los abusos que están cometiendo en esta prisión. Llevo mucho intentando luchar contra ellos.
-          ¿Y ahora?
-          Estarás una semana aquí. No te traerán tus libros para que estudies, no podrás salir al patio. Tampoco te van a permitir, durante esta semana, las visitas de Alfredo.
-          ¿Y qué hare?
-          Tienes que ser muy fuerte. Yo hablare con Alfredo. Vamos a intentar parar esto antes de que te muelan a palos. Pero aguanta esta semana. Prométeme que resistirás y no atentaras contra ti.
-          Te lo prometo.
-          Mientras estés aquí, cuida tu cuerpo. Mantén una rutina, haz ejercicio. Eso te ayudara a mantener tu mente despejada.

No fue fácil superar esa semana. No tenía nada para poder hacer, ni podía distraerme con nada, ni con nadie. Echaba de menos las visitas con el marido de Carmen. Sabiendo que era injusto que yo estuviera allí, todavía se hacía más complicado.

Hice caso a Carmen y comencé a hacer ejercicios todas las mañanas. Es cierto, que eso me ayudo a mantenerme serena y con la mente lúcida.

Cuando ya llevaba unos días en aquella celda, Carmen vino a verme.

-          Hemos hablado con dirección y puesto una queja formal. Cuando salgas de aquí, te llamaran para que ratifiques la denuncia.
-          Vale.
-          Ana, hemos pedido su traslado o despido. Va  air a por ti. Deberás cuidarte más que nunca.
-          Lo hare.
-          Solo esperemos que el traslado le llegue lo antes posible.
-          Pero… ¿Crees que le trasladaran solo por mi.
-          No es solo por ti Ana. Ha habido muchas denuncias en estos años. Pero nunca ha querido hacer nada la dirección
-          ¿Y por qué lo iban a hacer ahora?
-          Porque no van a enfrentarse al buffet de Alfredo. Saben que perderían. Tú no estás sola.
-          Gracias Carmen, nunca podre pagaros todo lo que hacéis por mí.
-          No me des las gracias y solo cuídate.

Al salir de aislamiento fue llamada por la dirección. Allí solo tuve que repetir lo que había ocurrido y todo lo que había visto. No dudé ni un segundo. Relate cada abuso que había sufrido y todos los que había visto recibir a otras reas.
Cuando salí vi que la funcionaria estaba fuera, esperando para entrar. Me miro con odio en sus ojos y me dijo:

-          Esto no queda así. Tú saldrás antes que yo. – Me amenazó

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