jueves, 17 de octubre de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 33)

CAPITULO 33

Sabía que era una amenaza y que iba a intentar cumplirla.
Yo, por mi parte, decidí mantenerme alejada de todo. Dirección me ofreció realizar vida separada del resto de presas y yo acepte. Era por mi seguridad. Así iba a ser mas difícil que aquella funcionaria pudiera resguardarse en otras reas para hacerme daño.

Mi vida era prácticamente la misma, tampoco varió mucho.
Ahora salía sola al patio y comía cosa. Tampoco me importaba, ya que antes mi relación con el resto de presas era casi nula.

Mis estudios iban geniales. Estaba haciendo cuarto y mis notas eran fabulosas.

-          Ana
-          Dime Alfredo.
-          La semana que viene empieza el juicio
-          ¿Ya?
-          Si
-          ¿Cuánto durara?
-          Unos tres días
-          ¿Qué ocurrirá?
-          La condena será pequeña. Posiblemente en unos días seas libre.
-          Libre…
-          Si ¿Qué te ocurre? Deberías estar feliz
-          Lo sé, pero no sé que voy a hacer, ni a donde iré. Aquí estoy segura.
-          Aquí estas en la cárcel y no debes estar aquí.
-          Si lo sé Alfredo,  pero… me da miedo no tener a donde ir.
-          Carmen y yo ya hemos hablado de eso. Mientras decides que hacer puedes quedarte en casacón nosotros.
-          No quiero abusar más.
-          No digas tonterías chiquilla, Vivimos en una casa muy grande. Tenemos sitio de sobra y los dos queremos que e quedes.
-          ¿Viven solos?
-          No. Con el personal de servicio y nuestro hijo.
-          ¿Tienen un hijo?
-          Si.
-          Nunca me lo habían dicho
-          No surgiría el tema. Tenemos un hijo de treinta años, que trabaja conmigo. Es un gran abogado también.
-          ¿No le molestara que yo esté en su casa?
-          Mira Ana, no te voy a mentir. El lo sabe y no le hace mucha gracia. Sufrió tanto con su hermana, que su visión de este mundo es bastante mala.
-          Yo  no quiero ocasionarles problemas.
-          No lo harás. Igor lo entenderá.

Asentí  pero no estaba convencida. No era justo que tuvieran un problema en su casa por mí. Decidí que intentaría estar  lo menos posible en su casa y mientras estuviera allí no molestaría a nadie.

-          ¿Te ha dicho Alfredo que tu juicio es la próxima semana?
-          Si. Carmen…
-          Dime
-          ¿Por qué nunca me habías dicho que tenéis un hijo?
-          No lo sé, no surgiría.
-          Ya
-          ¿Qué ocurre?
-          Alfredo me ha dicho que seguramente salga a la calle en unos días.
-          Si, lo sé ¿Por eso tienes esa cara? Debes estar feliz, es una gran noticia.
-          Pero también me ha dicho que puedo ir a vuestra casa mientras pienso que hacer o a donde ir.
-          ¿Y eso te tiene triste? No nos comemos a nadie.
-          No es eso. Es que me ha comentado que vuestro hijo no está muy conforme.
-          Vale. Es cierto. Igor sufrió mucho con su hermana y es cierto que no está de acuerdo con todo esto.
-          No quiero ocasionar problemas en su familia.
-          No lo harás. Igor es un buen chico. Es cierto que todo lo que sucedió le endureció mucho Intenta mostrarse duro cuando en realidad no lo es. Va a entender que tú también eres buena chica. El no sabe nada de tu historia, no hemos querido invadir tu intimidad. No te preocupes, el aprenderá a quererte tanto como nosotros.

Ojala Carmen tuviera razón y yo no fuera un problema para ellos, también.

En ese momento me llamaron de la dirección de la cárcel. Era para comunicarme que esa funcionaria había sido relegada de su puesto y que yo comenzaría  a hacer una vida normal dentro de la prisión.
Un problema menos. Algo era algo.

A partir de ese momento  observe que las presas más conflictivas tampoco estaban, según me dijeron, habían sido trasladadas a prisiones de máxima seguridad.

Aquello supuso muchos cambios. Por irónico que parezca, las reas nos comenzamos a sentir más libres. Libres dentro de aquel encierro. No teníamos miedo y  nos relacionábamos, entre nosotras, con tranquilidad.

En esos días conocí mas a una presa que estaba en la cárcel por hacer de mula. Intentó traer droga de su país. La pobre solo lo hacía para dar de comer a su hijo, pero la cogieron y todo el peso de la ley cayó sobre ella.
Ella tampoco tenía visitas, así que nos entendíamos bien. La diferencia es que su familia no venia porque estaban lejos y la mía… porque ni sabían que estaba allí.

-          ¿Qué harás cuando salgas? – Me preguntó tu día.
-          No lo sé. Supongo que iré con Carmen y su familia hasta que encuentre un lugar a donde ir.
-          ¿Buscaras a tu madre?
-          Creo que sí. Merece saber que estoy viva.
-          Cuatro años es mucho tiempo y os merecéis otra oportunidad.
-          Si. Ahora solo quiero pensar en el juicio, que empieza mañana.


Mañana…, al día siguiente seria el momento de enfrentarme con parte de mi pasado. Pero esta vez, me sentía fuerte.

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