jueves, 22 de agosto de 2013 | By: Nerea Uzquiano
A nadie le importó/que la belleza de las flores se marchitase/y yo me ví envejeciendo en el mundo/mientras caía la lluvia.
sábado, 17 de agosto de 2013 | By: Nerea Uzquiano

Perder un hijo

Nada, ningún dolor se le asemeja. Nada es peor. Nada te marca tanto. Aun hoy, 8 meses después, me cuesta hablar de mi pequeña Lucia. Pese a lo prontito que nació, ella estaba dispuesta a luchar por su vida y su papa y yo, estábamos dispuestos a acompañarla en el duro camino. Todo fue bien los primeros trece días. Pero el día 21 de Diciembre a las 9:30 de la mañana, cuando estábamos a punto de salir hacia el hospital para la visita… nos llamaron por teléfono. Cuando escuche hablar a mi pareja, no necesite que me dijera nada, note que algo no iba bien. Me dijo que teníamos que ir rápido al hospital, eran los pediatras diciendo que la niña había empeorado. Fui todo el camino llorando, rezando y suplicando que nadie me quitara a mi niña. Cuando llegamos al hospital, los médicos nos estaban esperando. Nos llevaron a un despacho y allí nos explicaron que la situación era muy crítica. Había tenido un paro cardiaco y tuvieron que reanimarla e intubarla. Creían que los pulmones se habían encharcado. Fuimos a verla y se nos rompió el alma. Aquella niña pequeñita de 700gr, que no paraba quieta, había desaparecido. Ahora era una niña cansada, nos miraba, abría los ojos y nos miraba agotada. Pasamos todo el día con ella. Antes de irnos agarro el dedito de su padre. Se nos rompía el alma de verla así. De verla intentar luchar por su vida pese a la poca esperanza que había. Nosotros le hablábamos, le decíamos que era una guerrera, una gladiadora y le intentábamos transmitir lo orgullosos que estábamos de ella. Que no se preocupara que todo saldría bien. Nos fuimos intranquilos, rezando para que se cumpliera el milagro. Porque alguien desde el mas allá la ayudara a sobrevivir. Nadie nos escucho. El día 22 de Diciembre las 5 de la madrugada nos llamaron, que fuéramos al hospital. Cuando llegamos, nuestra niña se había ido. A las 4 de la madrugada sus pulmones no pudieron más y se fue. Por primera vez la pude coger en mis brazos, sin vida, pero necesitaba tenerla y poder despedirme de ella. Eso es lo poco que recuerdo de ese momento, y me cuesta mucho trabajo recordarlo y escribirlo… aun hoy. Este es el tema más difícil de todos, es difícil todavía hablar de algo así, no por nada malo pero porque es tan poco común, ¿qué padres pierden a un hijo recién nacido? Aunque somos pocos los que hemos pasado por algo así, es creo que de las cosas en las que nadie sabe que decir… porque nadie se imagina el dolor que sientes… nadie. Lo que yo sentí es que una parte de mi se murió, sentí que nunca voy a ser la misma de antes, sentí culpa, ¡sentí que perdía la cabeza! Solo quería irme con ella. Esta experiencia de vida me ha marcado en lo más profundo y nunca lo voy a olvidar, hasta la fecha no pasa un día donde no recuerde a mi niña, la recuerdo con amor, con mucho dolor y con agradecimiento porque dentro de todo me dejo mucho amor y sobre todo sabiduría, no sabía que era capaz de amar tanto hasta que la conocí. Pero a la vez no sabía que podía sentir tanto dolor hasta que la perdí. El siguiente día cremamos a Lucia, casi no avisamos a nadie, ni velatorios o cosas así, era algo tan doloroso, tan reciente y tan nuestro que no tenía caso. Las cenizas de Lucia están con nosotros, es una pequeña urna con un osito que guardaremos siempre… Ha habido gente que ha intentado hacerme daño utilizando a mi niña y lo han conseguido, vaya que sí. Seguramente sea lo único que me pueda hacer daño de verdad. Pero mi niña no se merece que oculte lo que paso, porque lucho como una leona por su vida, porque con sus 700 gramos soporto pinchazos y pruebas que cualquiera de nosotros no soportaría. Solo deseo que nadie más tenga que vivirlo, que nadie tenga que pasar por lo que nos ha tocado pasar a nosotros. Ni quienes se hayan mofado o utilizado a mi niña para hacerme daño. Allí donde estés mi niña. Tus papas, no te olvidan.
miércoles, 14 de agosto de 2013 | By: Nerea Uzquiano

Miedo

Cuando el miedo se une a la esperanza. Cuando sientes que solo Dios puede ayudarte y la fe es lo unico que te mantiene en pie.