martes, 29 de octubre de 2013 | By: Nerea Uzquiano

Divagando

No se si soy rara o igual siempre fui así. Igual  la vida y todo lo que me ha pasado me ha cambiado. De pronto valoro mucho algunas cosas (antes me daba igual ayudar a todos, aunque luego yo estuviera sola), pero ahora soy mas consciente de detalles o gestos que no me van (Lo que antes me dolía y justificaba pensando: bueno, no es con mala intención, ahora me molesta y no me da la gana comérmelo). Creo que ya me pasaba antes, solo que antes siempre me preocupaba por los sentimientos ajenos. Pero al final, si no se preocupan por los tuyos y cada cual suelta lo que mejor le viene.... ¿Para que me voy a preocupar yo por necesidades ajenas o por como se sienta el resto? Creo que he cogido el punto egoísta que no tenia. y que tanto me recalcaban mis amigos (bendito Guille, cuantas veces me lo dijiste. Eres tonta. Y tenias la razón, lo fui y lo soy, pero espero dejar de serlo) que me faltaba. Eso y que yo misma me doy cuenta que, con todo lo pasado, ha quedado un algo de rencor en mi que jamas pensé que tendría. Ley de vida. La vida golpea y ese golpe  puede dejar cicatriz en muchas cosas.
Definitivamente:
¿Que alguien esta gordo? Pues lo soltare
¿Que alguien esta arrugado? Pues lo diré
¿Que alguien es cojo? Pues le retare a una carrera
Me dedicare a hacer radiografías visuales mirando los defectos que puedo ir sacando, para cuando reciba algo similar, lo soltare para ver si hace la misma gracia, o si yo no soy la mas graciosa del lugar ¿Que molesta? A mi me molestan otras cosas y me aguanto.
¿Para que pensar en sentimientos ajenos y en que algunos defectos de una persona pueden hacer daño? ¿Por que no ver que a algunas personas recordar su pasado les hace daño, no es que lo olviden?
Pues eso,  que estoy muy cansadita de mirar por el resto y que el resto  se sienta bien. Así que haré lo mismo que todos, utilizar una supuesta "sinceridad" caiga quien caiga. ¿Por que voy a ayudar a  quien no me ha ayudado cuando mas lo he necesitado? No se porque creo que Enero va a suponer un antes y un después o un cambio muy grande en mi vida. Porque como se suele decir ya no mas... (que me cuesta decirlo, pero cuando pongo el pie, significa que ya no lo quito).
viernes, 18 de octubre de 2013 | By: Nerea Uzquiano

Desanimada

Si para ser valorado en las votaciones de los premios Bitacoras hay que matarse a spam en lugar de valorar la calidad de los blog. .. que le den. Personalmente vergüenza me da ver blog apenas actualizados. Me niego a subir puestos en base al spam. 

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 34)

CAPITULO 34

Me levanté muy temprano. Apenas había dormido. Estaba tan nerviosa que pase la noche dando vueltas en la cama y mirando el techo de mi celda.

Me duché y me vestí. En ese momento entro Carmen. Me traía un traje de falda con chaqueta precioso, una blusa finísima, medias y unos zapatos de medio tacón.
También había un neceser con maquillaje, perfume y otros cosméticos para arreglarme.

-          ¿Y esto?
-          ¿No pensarías ir al juicio así vestida?
-          No tenía otra cosa.
-          Lo sé y por eso mismo te he traído ropa. Arréglate, todos deben ver u cambio. Deben ver una señorita que ha rehecho su vida, después de una equivocación. No pueden ver una delincuente.

Cuando salió, me vestí, me peiné y me maquillé.
Me puse frente al espejo y deje de ver a la Ana que tantos errores había cometido. Vi a la Ana del pasado, guapa, elegante… tal y como era antes.

Cuando la policía vino a buscarme, Alfredo les acompañaba.

-          Solo vengo a darte ánimos y decirte que estés tranquila. En unos días, todo esto será pasado y serás libre.
-          Muchas gracias. – Agarré sus manos con agradecimiento.

Los policías me pusieron las esposas y me sacaron de la celda acompañándome hasta el furgón que me llevaría al juzgado.

Realicé el trayecto en una burbuja. Solo sabía lo que me había explicado Alfredo de cómo sería el juicio.

Me dijo que tendría que contestar a preguntas del juez, del fiscal y de el mismo. Solo debía decir la verdad y no ocultar nada.
Según me dijo, mi historia era lo bastante cruda y cruel como para necesitar adornos.

Cuando llegamos a los juzgados me llevaron a los calabozos. Allí no dejaba de pasear de un lado a otro.
Apenas era un cuadrado minúsculo con una silla y una mesita. No había ningún camastro, como en el resto de calabozos a los que estaba acostumbrada.

Un policía vino a buscarme al cabo de un rato. Avanzamos por un pasillo y me dejo en otra sala donde había dos policías y una mesa con dos sillas.
Los policías permanecían en pie, junto a la puerta. Me senté en una de las sillas y espere.

La puerta se abrió y entró Alfredo. Hablo algo con los policías y estos salieron.

-          ¿Nerviosa?
-          Mucho.
-          No te preocupes, todo va a salir bien. Pero vamos a repasar un poco como va a ser el juicio.

Me explicó una vez más como seria. Quienes intervendrían, lo que me preguntarían. Me dijo que no debía ponerme nerviosa y que todo iba a salir bien.
Me dijo que tenía que irse, que el debía estar en la sala y que no tardarían en llamarme.

No sé lo que tardaron, pero a mí se me hizo eterno. Cuando el policía abrió la puerta del salón donde estaba celebrándose el juicio, mis piernas comenzaron a temblar.

Fui lentamente a sentarme en una silla que se encontraba en el centro del salón. Había un micrófono. Todo me impacto mucho.

Comenzaron las preguntas y fui respondiendo poco a poco, el fiscal solo se centró en preguntar sobre el paquete y quienes estaban detrás. Esta vez no protegí a nadie y dije todo lo que sabía. Me estaba jugando la vida, pero era eso o volver a prisión y era lo que menos deseaba.

El juez, en ocasiones, me miraba asombrado ante la claridad con la que estaba hablando.

Cuando empezó Alfredo a preguntarme, todo cambio. El me preguntaba por mi infancia y sobre los motivos que me habían llevado a esa vida. Yo sabía que quería despertar la simpatía del juez y del fiscal, pero a mí se me estaba haciendo muy duro hablar sobre todo aquello.

Lo peor fue hablar de la violación, el aborto y la muerte de mi padre.
Mientras mi relato iba avanzando y era cada vez más duro, las caras de los presentes iban cambiando.

Alfredo tenía razón en una cosa, mi relato les estaba impactando a todos.

Fue largo mi relato y me costaba mantener la vista en el frente, como me había dicho Alfredo. Aun así creo que lo conseguí. Porque al acabar, nadie más quiso preguntarme nada e incluso pude observar una lagrima en los ojos de uno de los policías.

En todo momento, estuve de espaldas a la puerta, por lo que era ajena a lo que en ella ocurría. Hasta que me levante para sentarme junto a Alfredo.

Agarrada al marco de aquella puerta estaba mi madre, tenía el rostro mojado y sus ojos inundados en lágrimas. Había escuchado todo mi relato. Ahora conocía toda la verdad.
jueves, 17 de octubre de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 33)

CAPITULO 33

Sabía que era una amenaza y que iba a intentar cumplirla.
Yo, por mi parte, decidí mantenerme alejada de todo. Dirección me ofreció realizar vida separada del resto de presas y yo acepte. Era por mi seguridad. Así iba a ser mas difícil que aquella funcionaria pudiera resguardarse en otras reas para hacerme daño.

Mi vida era prácticamente la misma, tampoco varió mucho.
Ahora salía sola al patio y comía cosa. Tampoco me importaba, ya que antes mi relación con el resto de presas era casi nula.

Mis estudios iban geniales. Estaba haciendo cuarto y mis notas eran fabulosas.

-          Ana
-          Dime Alfredo.
-          La semana que viene empieza el juicio
-          ¿Ya?
-          Si
-          ¿Cuánto durara?
-          Unos tres días
-          ¿Qué ocurrirá?
-          La condena será pequeña. Posiblemente en unos días seas libre.
-          Libre…
-          Si ¿Qué te ocurre? Deberías estar feliz
-          Lo sé, pero no sé que voy a hacer, ni a donde iré. Aquí estoy segura.
-          Aquí estas en la cárcel y no debes estar aquí.
-          Si lo sé Alfredo,  pero… me da miedo no tener a donde ir.
-          Carmen y yo ya hemos hablado de eso. Mientras decides que hacer puedes quedarte en casacón nosotros.
-          No quiero abusar más.
-          No digas tonterías chiquilla, Vivimos en una casa muy grande. Tenemos sitio de sobra y los dos queremos que e quedes.
-          ¿Viven solos?
-          No. Con el personal de servicio y nuestro hijo.
-          ¿Tienen un hijo?
-          Si.
-          Nunca me lo habían dicho
-          No surgiría el tema. Tenemos un hijo de treinta años, que trabaja conmigo. Es un gran abogado también.
-          ¿No le molestara que yo esté en su casa?
-          Mira Ana, no te voy a mentir. El lo sabe y no le hace mucha gracia. Sufrió tanto con su hermana, que su visión de este mundo es bastante mala.
-          Yo  no quiero ocasionarles problemas.
-          No lo harás. Igor lo entenderá.

Asentí  pero no estaba convencida. No era justo que tuvieran un problema en su casa por mí. Decidí que intentaría estar  lo menos posible en su casa y mientras estuviera allí no molestaría a nadie.

-          ¿Te ha dicho Alfredo que tu juicio es la próxima semana?
-          Si. Carmen…
-          Dime
-          ¿Por qué nunca me habías dicho que tenéis un hijo?
-          No lo sé, no surgiría.
-          Ya
-          ¿Qué ocurre?
-          Alfredo me ha dicho que seguramente salga a la calle en unos días.
-          Si, lo sé ¿Por eso tienes esa cara? Debes estar feliz, es una gran noticia.
-          Pero también me ha dicho que puedo ir a vuestra casa mientras pienso que hacer o a donde ir.
-          ¿Y eso te tiene triste? No nos comemos a nadie.
-          No es eso. Es que me ha comentado que vuestro hijo no está muy conforme.
-          Vale. Es cierto. Igor sufrió mucho con su hermana y es cierto que no está de acuerdo con todo esto.
-          No quiero ocasionar problemas en su familia.
-          No lo harás. Igor es un buen chico. Es cierto que todo lo que sucedió le endureció mucho Intenta mostrarse duro cuando en realidad no lo es. Va a entender que tú también eres buena chica. El no sabe nada de tu historia, no hemos querido invadir tu intimidad. No te preocupes, el aprenderá a quererte tanto como nosotros.

Ojala Carmen tuviera razón y yo no fuera un problema para ellos, también.

En ese momento me llamaron de la dirección de la cárcel. Era para comunicarme que esa funcionaria había sido relegada de su puesto y que yo comenzaría  a hacer una vida normal dentro de la prisión.
Un problema menos. Algo era algo.

A partir de ese momento  observe que las presas más conflictivas tampoco estaban, según me dijeron, habían sido trasladadas a prisiones de máxima seguridad.

Aquello supuso muchos cambios. Por irónico que parezca, las reas nos comenzamos a sentir más libres. Libres dentro de aquel encierro. No teníamos miedo y  nos relacionábamos, entre nosotras, con tranquilidad.

En esos días conocí mas a una presa que estaba en la cárcel por hacer de mula. Intentó traer droga de su país. La pobre solo lo hacía para dar de comer a su hijo, pero la cogieron y todo el peso de la ley cayó sobre ella.
Ella tampoco tenía visitas, así que nos entendíamos bien. La diferencia es que su familia no venia porque estaban lejos y la mía… porque ni sabían que estaba allí.

-          ¿Qué harás cuando salgas? – Me preguntó tu día.
-          No lo sé. Supongo que iré con Carmen y su familia hasta que encuentre un lugar a donde ir.
-          ¿Buscaras a tu madre?
-          Creo que sí. Merece saber que estoy viva.
-          Cuatro años es mucho tiempo y os merecéis otra oportunidad.
-          Si. Ahora solo quiero pensar en el juicio, que empieza mañana.


Mañana…, al día siguiente seria el momento de enfrentarme con parte de mi pasado. Pero esta vez, me sentía fuerte.
miércoles, 16 de octubre de 2013 | By: Nerea Uzquiano

VOTOS A LOS PREMIOS BITACORAS 2013

Estos son los blog que he votado hasta ahora. No olvides enseñarme tu blog.

Mejor Twitter
https://twitter.com/LeticiaMarrero
https://twitter.com/yeyodebote
https://twitter.com/jordievole
Me faltan DOS.

Mejor Blog de Salud
http://blogesclerosis.blogspot.com.es
Me faltan CUATRO

Mejor Blog de Tecnología e Innovación
Me faltan CINCO

Mejor Blog de Educación
Me faltan CINCO

Mejor Blog Gastronómico
http://delicias-boca.com
http://micocinayotrascosas.com
Me faltan TRES

Mejor Blog de Belleza y Moda
Me faltan CINCO

Mejor Blog de Ciencia
Me faltan CINCO

Mejor Blog de Motor
http://www.formulaone-jaume101.blogspot.com.es
Me faltan CUATRO

Mejor Videoblog
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Mejor Blog de Acción Social
http://afectadosporlahipoteca.com
http://ingurubide.blogspot.com
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Mejor Blog Personal
http://www.david-elcaminoaseguir.blogspot.com
http://nereauzquiano.blogspot.com.es
http://www.opinionesincorrectas.com/
Me faltan DOS

Mejor Blog de Cine y TV
http://www.lasmejorespeliculasdelahistoriadelcine.com
http://tavernamasti.blogspot.com.es
Me faltan TRES

Mejor Blog de Marketing y Social Media
Me faltan CINCO

Mejor Blog de Seguridad Informática
Me faltan CINCO

Mejor Blog de Viajes
http://www.callejeandoporelmundo.com
http://enelmundoperdido.com
Me faltan TRES

Mejor Blog de Humor y Entretenimiento
Me faltan CINCO

Mejor Blog de Periodismo y Política
http://segurdecalafell.blogspot.com.es
Me faltan CUATRO

Mejor Blog de Fotografía
Me faltan CINCO

Mejor Podcast
Me faltan CINCO


LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 32)

CAPITULO 32

Según iba pasando el tiempo y las visitas, Alfredo y yo, íbamos cogiéndonos confianza. El seguía manteniendo esa seriedad que le caracterizaba, pero había dejado de ser tan distante conmigo.
Hacía mucho que no solo preparábamos el juicio. Hablábamos de mi, de mis padres, de mi futuro… ese futuro que ellos me habían regalado.
I
Una vez, llego a hablarme de su hija. No era algo habitual, todo lo que sabía era por Carmen, el jamás había tocado aquel tema.

-          Ojala Lidia hubiera tenido una oportunidad también. – Dijo, ensimismado en sus pensamientos.
-          ¿Lidia era su hija?
-          Si.
-          Siento mucho lo que le ocurrió. Debieron sufrir mucho.
-          Mucho si, nunca imaginaras cuanto.

Me daba tanta pena verlos sufrir… habían sido tan buenos conmigo que me rompía el alma sentir su dolor.

Continué con mis estudios y mi vida en prisión, junto a las visitas de Alfredo. Carmen estaba feliz viendo mi cambio y como su marido preparaba mi defensa.

Mientras yo intentaba continuar con la rutina de la cárcel, ocurrió algo que ninguno hubiéramos esperado.
Un día estaba en las duchas cuando escuche un ruido. Al girarme vi a “la sheriff” junto a otras dos presas. Dos de las presas mas problemáticas de la prisión.

-          Mirar si esta aquí la princesita. – Dijo “la sheriff” mirándome con desprecio.
-          No quiero tener problemas, no me he metido con nadie.
-          Claro, como tiene un abogado rico, cree que puede pasearse por aquí como si fuera la señora.
-          Eso no es verdad. – Dije temblando.

Las tres me miraban riéndose. Yo estaba desnuda y totalmente indefensa ante ellas y lo sabían.
Intente pasar por un lateral, para esquivarlas y salir de la ducha. Solo quería llegar a la seguridad de mi celda. Pero fue imposible.

Al intentar pasar “la sheriff” y una de las presas me agarraron, mientras la otra golpeaba mi cuerpo con saña. Mientras pude, intente gritar y soltarme, pero sus manos parecían de acero y nadie quiso escuchar mis lamentos.

No sabría decir cuánto tiempo estuvieron golpeándome, se que en algún momento caí al suelo y entonces eran las dos presas las que me golpeaban, mientras la funcionaria miraba con total indiferencia como se cebaban conmigo. No sé qué diablos tenía esa mujer contra mí, para tenerme ese odio.

Cuando desperté, observé que estaba en las celdas de aislamiento. Pero… ¿Por qué? Si yo no había hecho nada. No las había tocado, ya que en ningún momento tuve oportunidad alguna.

Carme fue quien me dio la respuesta.

-          ¿Qué ha pasado? – Me preguntó
-          No lo sé. Estaba en las duchas cuando han venido diciéndome que me creía mejor por tener un abogado rico. He intentado salir pero me han sujetado y golpeado. No recuerdo mucho ¿Por qué estoy aquí?
-          Te han denunciado a la dirección. Dicen que comenzaste la pelea y una funcionaria ha apoyado su relato.
-          Si yo no les he pegado. No he hecho nada. Tienes que creerme Carmen.
-          Te creo. Se los abusos que están cometiendo en esta prisión. Llevo mucho intentando luchar contra ellos.
-          ¿Y ahora?
-          Estarás una semana aquí. No te traerán tus libros para que estudies, no podrás salir al patio. Tampoco te van a permitir, durante esta semana, las visitas de Alfredo.
-          ¿Y qué hare?
-          Tienes que ser muy fuerte. Yo hablare con Alfredo. Vamos a intentar parar esto antes de que te muelan a palos. Pero aguanta esta semana. Prométeme que resistirás y no atentaras contra ti.
-          Te lo prometo.
-          Mientras estés aquí, cuida tu cuerpo. Mantén una rutina, haz ejercicio. Eso te ayudara a mantener tu mente despejada.

No fue fácil superar esa semana. No tenía nada para poder hacer, ni podía distraerme con nada, ni con nadie. Echaba de menos las visitas con el marido de Carmen. Sabiendo que era injusto que yo estuviera allí, todavía se hacía más complicado.

Hice caso a Carmen y comencé a hacer ejercicios todas las mañanas. Es cierto, que eso me ayudo a mantenerme serena y con la mente lúcida.

Cuando ya llevaba unos días en aquella celda, Carmen vino a verme.

-          Hemos hablado con dirección y puesto una queja formal. Cuando salgas de aquí, te llamaran para que ratifiques la denuncia.
-          Vale.
-          Ana, hemos pedido su traslado o despido. Va  air a por ti. Deberás cuidarte más que nunca.
-          Lo hare.
-          Solo esperemos que el traslado le llegue lo antes posible.
-          Pero… ¿Crees que le trasladaran solo por mi.
-          No es solo por ti Ana. Ha habido muchas denuncias en estos años. Pero nunca ha querido hacer nada la dirección
-          ¿Y por qué lo iban a hacer ahora?
-          Porque no van a enfrentarse al buffet de Alfredo. Saben que perderían. Tú no estás sola.
-          Gracias Carmen, nunca podre pagaros todo lo que hacéis por mí.
-          No me des las gracias y solo cuídate.

Al salir de aislamiento fue llamada por la dirección. Allí solo tuve que repetir lo que había ocurrido y todo lo que había visto. No dudé ni un segundo. Relate cada abuso que había sufrido y todos los que había visto recibir a otras reas.
Cuando salí vi que la funcionaria estaba fuera, esperando para entrar. Me miro con odio en sus ojos y me dijo:

-          Esto no queda así. Tú saldrás antes que yo. – Me amenazó
martes, 15 de octubre de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 31)

CAPITULO 31

Esa noche, como era de esperar, Carmen vino a verme. Aprovecho el recuento de la noche para interesarse  y preguntarme qué tal me había ido con su marido.

-          Bien, creo.
-          ¿Crees?
-          Es muy serio.
-          Sí, pero no lo prejuzgues. No siempre fue así. Era una persona muy alegre.

Titubee antes de preguntarle nada. No quería hacerle daño, n ser impertinente con mis preguntas.

-          ¿Su hija?
-          Si, la muerte de nuestra hija le marcó y entristeció mucho. Nunca lo ha superado.
-          Usted también tiene una historia con mucho dolor.
-          Si pequeña, pero nada que no hayas visto en el tiempo que has permanecido en la calle.

Se sentó en mi camastro y continuó hablando.

-          Mi hija pese a ser una niña muy querida, era muy rebelde. Como lo sois todos los adolescentes. Pero nunca sospechamos nada. Pertenecía a una familia estructurada y nunca piensas que a tu niña le pueda pasar algo así.
Solía salir mucho de fiesta, demasiado, y aunque no nos gustaba, se lo permitíamos porque confiábamos en ella. Era muy estudiosa y quería ser abogada como su padre.
No imaginábamos lo que ocurría cuando salía de fiesta. No lo supimos hasta que fue muy tarde.
Al darnos cuenta, ya consumía demasiado. Su carácter cambio y dejó los estudios. Intentamos todo para que lo dejara. La internamos varias veces en una de las mejores clínicas de desintoxicación del país. Todo fue en vano. Nos engañaba, diciendo que lo había dejado, para que la sacáramos o se escapaba a la mínima oportunidad que tenia. Pero siempre consumía, nunca lo dejó.

-          ¿Cómo..?
-          ¿Cómo murió?
-          Si
-          Una mala dosis. Esos desgraciados le vendieron alguna porquería en mal estado. La encontraron en los baños de un local de moda y los médicos no pudieron hacer nada por ella. Cuando llegamos ya había fallecido.
-          ¿Cuántos años tenía?
-          Solo tenía diecinueve cuando murió
-          ¿Sabe? Tuvo mucha suerte de tenerla como madre. Siempre estuviste a su lado.
-          No siempre Ana. Yo también le dije muchas cosas. Por su bien, para que lo dejara. Es muy duro para una madre, ver a su hija en esas condiciones.
-          Pero no la abandonaste.
-          Te veo resentida y hay muchas cosas que no sabes.
-          Si es de mi madre, no quiero saber nada. Ella renunció a mí y yo no quiero avergonzarla más.
-          ¿Y si no renunció a ti?

Le miré sorprendida, sus palabras fueron como un golpe en mi estomago. No entendía que quería decir y tampoco sabía si quería entenderlas.

-          No entiendo
-          Ana, Alfredo conoció mucho a tu padre y conoce mucho a tu madre.
-          Lo sé, me lo dijo.
-          Tu madre nunca ha renunciado a ti.
-          Pero…
-          Cuando le llamaste estaba rota por la pérdida de tu padre. También fue muy duro todo lo que se enteró de ti.
-          Eso lo entiendo.
-          Déjame terminar. Tu madre te buscó, casi se vuelve loca del dolor al no encontrarte. Y no solo te buscó ella, sino también tus amigos. Movieron cielo y tierra. Recorrieron los peores suburbios de Barcelona, pero nadie supo darles información de ti o no quisieron dársela. Al final ella pensó que habías muerto y casi la mata la tristeza.
-          ¿Cómo sabes todo esto?
-          Por Alfredo. El me contó todo lo que sufrió y lloro cuando te dio la espalda.
-          Hasta que dejo de buscarme...
-          Nunca se rindió. Todos la convencieron de que habías fallecido. Era por su bien. Debía intentar salir adelante. Pero nunca ha superado la tristeza. Aunque no te lo creas, eres una persona muy querida Ana. Si decidieras hablar con tu madre, ella no te daría la espalda. Te recibiría con los brazos abiertos y con una inmensa alegría de saber que estas viva.
-          No puedo Carmen, aun no.
-          ¿Por qué?
-          No quiero que me vea aquí. Si debo reencontrarme con ella, quiero que sea fuera. Cuando yo esté libre y haya dejado atrás todo este mundo.
-          ¿Por qué quieres pasarlo sola?
-          Porque yo sola me metí aquí.

Asintió mirándome como si, en el fondo, lo entendiera.

-          ¿Al menos ayudaras a Alfredo en tu defensa?
-          Si
-          ¿Vas a dejar de proteger a los desgraciados que te metieron aquí?
-          Si Carmen. Estoy cansada de pagar por algo de lo que no fui responsable. Me equivoque, es cierto, pero he pagado demasiado. El precio ha sido muy alto. No quiero sufrir más, ni hacer sufrir a nadie. Necesito recuperar mi vida, terminar mi carrera y ser una gran abogada. Estoy limpia y quiero aprovecharlo.
-          No te imaginas lo que me alegra escuchar esas palabras.
-          Y a mi decirlas.

Se despidió y me quede pensativa. Pensaba en Carmen, en Alfredo y en su hija. Dentro de todo lo malo yo había tenido suerte. Suerte de salir viva, eso hacía que tuviera la oportunidad de dejar todo y retomar mi vida. Oportunidad que su hija no tuvo.

En ese momento mi madre vino a mi mente. Me había buscado. Nunca me olvido y sufrió mucho al tener que rendirse y darme por muerta. Quería verla, necesitaba que supiera que estaba bien. Pero no era el momento, no quería que me viera allí encerrada. Al salir la buscaría, no sabía que le iba a decir, pero me vería recuperada y terminando mis estudios. Todo lo que ella siempre quiso para mí.


Por fin la vida empezaba a tener color y me devolvía todo lo que me había quitado.