sábado, 27 de diciembre de 2014 | By: Nerea Uzquiano

Muerte en Fuenlabrada


Era un 20 de Julio. Me encontraba conduciendo mi viejo mercedes azul oscuro por una carretera mal asfaltada de Fuenlabrada a poco más de noventa por hora. Recuerdo estar tarareando una canción cuando me vi sorprendida por la aparición de una mujer frente a mi coche, haciendo señales con los brazos para que me detuviese.
Detuve mi coche, más que nada por no llevármela por delante. En ese momento sonrei recordando la vieja historia de la chica de la curva. Nada que ver. La mujer que se acercaba a mi tendria unos veinte años, era delgada y con un gusto exquisito para vestir. Baje la ventanilla para saber que ocurria.
- ¡Mi novio se encuentra mal! ¿Puede llevarnos al hospital más cercano? - me dijo en un ruego desesperado.
Decidi ayudarle y bajé del coche. El hombre estaba echado de medio lado al borde de la carretera. Entre las dos conseguimos introducirlo en la parte trasera. La mujer se sentó a mi lado y me grito:
- ¿A qué espera? ¡Está muy grave!
- Ya voy. Ya voy. Pero relájese un poco. Y no me grite ya que pierdo los nervios con facilidad.
Con voz más tranquila me pregunto:
- Donde esta el hospital mas cercano?
- Está en Fuenlabrada a unos 15 kilometros
La mujer se relajó más, reclinandose cansada. Yo quería saber lo ocurrido y no quise andarme con rodeos.
- ¿Qué le ha ocurrido a su novio? ¿Se ha tropezado y dado un golpe en la cabeza? ¿O ha sido un mareo por este maldito calor?
- Algo mucho peor - me respondió muy angustiada- Le mordió un perro enorme.
- ¿Acaso algún lobo?- sugerí.
- No. Eso no se trataba de ningún lobo. Aunque era de noche, el ruido que emitió no era el de un lobo. Además... No me creerá...
- Siga, siga que se esta poniendo interesante.
- Lo que emitió más bien era, sin exagerar, una voz endemoniadamente humana. Creo que lo que gritó antes de morderle era algo parecido a “humud romus tudom”.
En ese momento pensé que mi mente volvía a jugarme una mala pasada.
Mire por el retrovisor y apreté el acelerador al límite, ya que el hombre perdía demasiada sangre y el precario apósito aplicado por su novia no ayudaba mucho,
A Fuenlabrada llegamos a las dos y media de la tarde. La ciudad de unos doscientos mil habitantes estaba, en apariencia, desolada. Parecía que allí no había habitado nadie desde hacía unos cuantos años. No entendia nada. Aún así dirigí el coche hacia el hospital. Baje de mi mercedes y le dije a la mujer que esperara en el interior haciéndole compañía a su novio. Yo pediria la ayuda necesaria. La puerta del hospital local estaba abierta. Entré muy decidida pero en su interior no encontré a nadie que me atendiera. El lugar de información estaba ausente de personal, el suelo estaba sucio y lleno de polvo, al igual que el mostrador, sobre el que vi desparramados unos cuantos periódicos apergaminados y amarillentos. Cogí uno de ellos pudiendo comprobar que la fecha de edición databa del 15 de mayo de 1917.
- El hospital está vacío y completamente abandonado. Hasta estoy por asegurarle que el resto de la ciudad también lo está- le explique a la mujer
- ¿Qué hacemos ahora? - me preguntó
- Podríamos ir a una de las casas y llamar por teléfono a cualquier número que encontremos en alguna agenda. Quizás haya suerte y nos conteste alguien.
Lo primero que observamos al adentrarnos en la ciudad era la evidente ausencia de vida en sus calles. Entramos en una de las casas. El interior de la casa estaba desbaratado por el desorden. Recorrí un pasillo entre telarañas tupidas hasta llegar al otro extremo. Allí había una puerta medio resquebrajada. La abrí. En el cuarto lo primero que hice fue tirar de la correa de la persiana hasta que se iluminó lo suficiente. Me encontré con una cama. Sentí un ruido misterioso procedente del armario ropero que se encontraba al otro lado de la cama. Me levanté y dirigí mis pasos hacia allí. Al tirar hacia fuera de la puerta un cadáver emergió de su interior y se desplomó. Antes de abandonar la estancia corriendo me fijé que en su brazo derecho amoratado e hinchado destacaba una herida similar a la que tenía el hombre de la carretera. Abandoné la casa de manera precipitada. De repente un aullido espeluznante llegó procedente desde el lugar donde estaba aparcado mi coche. Justo en ese instante llego a mi lado mi acompañante.
- ¿Qué ocurre? - me preguntó de nuevo alterada
- Si no vamos a averiguarlo, nunca lo sabremos - respondí con sequedad.
Ambas fuimos lo más deprisa que nuestras piernas nos lo permitían. Al llegar al lado del hospital de fuenlabrada vimos estupefactas como el hombre que se suponía que estaba gravemente herido estaba destrozando las luces de los focos y los cristales de las ventanillas de mi mercedes. Me encaminé hecha una furia hacia donde estaba el y le propiné una fuerte bofetada.
- ¡Idiota! ¿Qué se propone? ¿Destrozar el coche para que no podamos salir de este lugar?
- ¡No le hable así!
- ¿Está tan desquiciada que no ve que si no lo detengo iba a destrozarnos el coche? - Contraataqué furiosa.
Mientras sucedía esta acalorada discusión, se nos acercó su novio y me maldijo:- ¡Maldita hija de perra! ¡Ojala te mueras ahora mismo y más tarde que en tu tumba los lobos se alimenten de tus huesos!
Esto terminó por sacarme de mis casillas. Me senté frente al volante, puse en marcha el motor y di la marcha atrás decidida a dejarles allí.
Mientras conducía algo ocurrió y perdí el control de mi coche. Desperté en la cama de un hospital.
- Al fin despierta. - Me dijo un joven medico.
- ¿Donde estoy?
- En el hospital de Fuenlabrada. La joven Gisment la trajo anoche.
Mire a mi lado y vi a la joven que yo había recogido. En su brazo la misma marca. Salte de la cama y agarrando el brazo del medico vi, con horror, la misma mordedura.
Abrí la primera ventana e intente saltar. No pude y hoy estoy aquí, en este sanatorio mental. Mi perturbada mente no distingue lo que es realidad de ficción. Miro mi brazo y hago una mueca al observar una extraña mordedura en el mismo.

1 comentarios:

Opiniones incorrectas dijo...

Wow, es inquietante... Hasta que el zagal te rompió luces y cristales piqué creyendo que te había sucedido jajaja

Una historia genial.

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