martes, 24 de febrero de 2009 | By: Nerea Uzquiano

haur besoetakoa


El tema es, a primera vista, las relaciones amorosas de un hombre con una
niña de once años, su ahijada. El argumento es el de una tragedia de amor por-
que desde una situación apacible, pasando por una pasión libre, luego por las
intervenciones exteriores, contra este amor, termina con la muerte de la niña y
el suicidio del hombre. El carácter imposible de este amor quita al relato todo
carácter de pornografía y permite al autor una descripción crítica de la hipocre-
sía moral de gente más corrompida que los amantes condenados por ella.
La estructura externa de la novela parece clásica, con cuatro capítulos:
presentación, culmen, enlace y desenlace. Si nos damos cuenta de la insisten-
cia del hombre cuando habla de la música rusa o alemana y de la "inacabada"
de Frantz Schubert, podremos analizar esta novela como una sinfonía —
entonces con ritmos desiguales, con movimientos distintos— el primer capítu-
lo es un adagio; el segundo allegro ma non troppo; el tercero andante; y el
cuarto/ma/e. Los acontecimientos de la novela se extienden, más o menos,
durante un año y por lo demás aprenderemos poco de! pasado de los protago-
nistas.
La estructura interna. Alternan los monólogos interiores del hombre y
diálogos con la ahijada Theresa, con la novia Isabel, con la criada, con el
primo; y alternan con regularidad las descripciones en tercera persona del
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ambiente, de los acontecimientos, comentarios que proceden de una persona
que al final aparecerá y es conocida únicamente por la apelación "el pintor".
Éste pintor es el autor que se define como el que no ha podido conseguir la
dicha de los héroes de la novela. Jon Mirande siempre ha sido adicto a formas
clásicas de escritura y no le molestaban los moldes; a veces nuestros contem-
poráneos piensan que la libre creación puede darse únicamente sin formas ni
estructuras; nuestra literatura del siglo XX nos ha dado dos obras maestras
escritas y pensadas clásicamente: el Maldan Behera de Gabriel Aresti, y el
Haur hesoetakoa (La Ahijada) de Jon Mirande.
Así la estructura de la novela con su simetría, su clasicidad no daña en
ningún modo el desarrollo dramático de la narración y permite una densidad y
una brevedad de relato, del cual están excluidas las descripciones o elementos
que no sirven a los acontecimientos o a la expresión de las ideas del hombre;
la adecuación de la forma y del fondo es clara en un autor que hace referencia
a la antigüedad y es más evidente aún cuando se analizan semánticamente los
recursos literarios de aquel autor de gran cultura.

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