jueves, 12 de febrero de 2009 | By: Nerea Uzquiano

Siento vértigo, asco, impotencia, rabia, frustración. Por un momento, se me va la cabeza y le deseo a Loveth todas las enfermedades venéreas existenta pra que, al menos, pueda contagiar a los hijos de puta capaces de acostarse con una niña de dieciséis años por 30 euros en la Casa de Campo y disfrturar así de una sutil forma de venganza. Sí, Antonio Salas tuvo la sangre fría de sentarse a regatear por esas niñas, tragándose la impotencia y la cólera ante el hecho de que en la España del siglo XXI sea posible comprar y vender personas para explotarlas secualmente. Pero quería demostrarlo.

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