jueves, 5 de marzo de 2009 | By: Nerea Uzquiano

Out, de Natsuo Kirino

Out, de Natsuo Kirino.

Yayoi, una atractiva ama de casa japonesa que trabaja en el turno nocturno de una fábrica, está harta de que su marido la desprecie y la ignore. Cuando él llega al punto de golpearla, ella le mata. Sin saber qué hacer, Yayoi llama a su compañera de trabajo Masako, una mujer sensata que vive atrapada en una familia infeliz y un matrimonio que se rompió hace años. Masako decide que lo mejor para deshacerse del cadáver es descuartizarlo, y le pide ayuda a Yoshie, una mujer madura que tiene graves problemas económicos y debe cuidar de una hija adolescente y una suegra enferma, y a Kuniko, una joven no muy agraciada que vive por encima de sus posibilidades.

La policía sospecha de ellas, pero no hay pruebas. Todo parece ir bien, pero la situación se complicará cuando entre en escena Satake, el dueño de un local de alterne con un oscuro pasado. Envueltas en un mundo de prestamistas, yakuzas, mentiras y chantajes, las cuatro mujeres deberán encontrarse a sí mismas para sobrevivir.

Out es un libro muy japonés. Por un lado es terriblemente gráfico en las descripciones de violencia, sexo y casquería, todo como muy frío y muy al trapo. Y, por qué no decirlo, la frialdad con la que se tratan algunos temas le dan a la novela un tono perverso que es muy refrescante. La autora no se regodea en las escenas más gore, pero tampoco escatima detalles: todo es como muy frío y muy quirúrgico, muy minimalista. Por otro lado, construye los personajes, sus relaciones y las situaciones en las que se ven envueltos con una sutileza minuciosa, cargada de silencios y sobreentendidos.

Su mejor virtud es que es una novela en apariencia simple: no simplona, no me entendáis mal. Mientras navegaba por sus 550 páginas me daba la impresión de que todo fluía de forma muy orgánica, sin obstáculos, llenando los huecos que hay que llenar sin artificios ni excesos. Y a la vez es una novela llena de detalles, de giros, de sutilezas, de pequeñas sorpresas y secretos… estoy segura que en una segunda relectura encontraré muchísimas más cosas interesantes.

La novela describe con claridad algunos aspectos no demasiado bonitos de la cultura japonesa: la sumisión de la mujer, la importancia de la juventud y el aspecto por encima de las virtudes personales, la alienación de los inmigrantes chinos o incluso de los brasileños descendientes de japoneses, adolescentes usando el sexo como moneda de cambio para conseguir “cosas bonitas”, los métodos casi criminales que usan los prestamistas para recuperar el dinero que dejan a sus clientes, el mobbing y la imposibilidad de ocupar un cargo de importancia si eres mujer…

El carácter de los personajes está muy bien definido y los hace muy reales, así como su interacción con una sociedad con tantos contrastes como la japonesa. Aunque el tono de la novela es marcadamente japonés, no es en absoluto lento o aburrido: la novela se devora pese a su extensión, y la trama se convierte en una espiral sin freno hasta llegar a un final sorprendente.

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