lunes, 23 de marzo de 2009 | By: Nerea Uzquiano

Un muerto en el escaparate, de K. O. Dahl

Reidar Jespersen es un anciano anticuario que se aferra al trabajo de forma incomprensible para su familia: sus hermanos quieren vender la tienda, su mujer tiene un amante, y su hijo quiere dejar el negocio y dedicarse al periodismo. Una mañana Jespersen aparece muerto en el escaparate de su tienda, desnudo y con números y símbolos pintados en el cuerpo.
El comisario Gunnarstranda y su ayudante Frank Frolich son los encargados de resolver el caso. Estos dos peculiares policías, tan diferentes entre si como hábiles en su trabajo, deberán desentrañar los misterios del pasado de Jespersen si quieren resolver el misterio de su muerte.
No he leído mucha novela escrita por noruegos, así que en un principio el estilo y el ritmo de la novela me sorprendieron. Los diálogos son muy especiales, juegan mucho a los sobreentendidos y a preguntar lo que no quieres para obtener una respuesta que tal vez no esperabas.
La investigación avanza lentamente, sin quemar etapas, y las escenas de interrogatorios a los sospechosos o posibles testigos, casi todas a cargo del extravagante Frolich, son parte muy importante de la novela y permiten al lector hacerse una idea de la personalidad tanto del protagonista como de los secundarios, tal vez dando pistas y haciendo guiños para conseguir que vayamos juntando las piezas del puzzle, pero sin que en ningún momento la trama parezca previsible o simplona.
La novela es extensa y se recrea en detalles, en la vida personal de los protagonistas y secundarios, en sus sueños y miedos y anhelos, lo que los hace muy cercanos y nos ayuda a meternos de lleno en la trama sin aburrirnos en ningún momento.
Es una novela que sin duda gustará a los fans del género policial, a todos aquellos que disfrutamos con una buena historia de policias buscando pistas y resolviendo asesinatos.

1 comentarios:

Tagen_Ata dijo...

Parece que los escritores nórdicos son unos grandes genios de la novela policial. Me tiene un cierto estilo a Mankell. Me la anoto.

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