miércoles, 1 de julio de 2009 | By: Nerea Uzquiano

Aventuras de Huckleberry Finn


Nadie se salva cuando Twain coge la pluma, nadie se salva cuando Twain arroja a una vida vagabunda a su hijo Huck, río abajo por el Mississippi que tanto quiso, en busca de la libertad y de la libertad de Jim, un negro que busca escapar de la esclavitud. Sobrevivir. Ésa es una de las magias que el lector encuentra en esta novela. Capacidad para sobrevivir. Leída con atención y leída por lo menos diez veces, hasta es posible que algo de esa magia se desprenda de sus páginas y comience a circular por la sangre del que lee. La otra magia es la amistad... Lo que finalmente queda es una lección de amistad, una amistad que es también una lección de civilización de dos seres totalmente marginales, que se tienen el uno al otro y que se cuidan sin ternezas ni blanduras de ningún tipo, como se cuidan entre sí algunos fuera de la ley, es decir más alla de los límites de la gente decente.

1 comentarios:

Tagen_Ata dijo...

Que recuerdos me traen las aventuras de Huckelberry Finn y Tom Sawyer, leyéndolas con 11 o 12 años, en el campamento, o en las vacaciones de verano tumbada en la hierba, recuerdo comedia y nostalgia a la vez, y lo que se repite ahí arriba y que yo no sabría decir mejor, una lección de amistad.

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