jueves, 2 de julio de 2009 | By: Nerea Uzquiano

Idiazabal

















































Tal y como os dije, hoy os voy a hablar del pueblo en el que vivo.
Idiazabal está situado al sur de Gipuzkoa, a 45 kilómetros de San Sebastián, en la comarca del Goierri, y abarca una extensión de 29,5 km2.
Para dirigirse a Idiazabal, es necesario utilizar la N-1. Se accede al casco urbano por un cruce situado, aproximadamente, dos kilómetros antes.
A falta de indicios anteriores, las más antiguas muestras de actividad humana en Idiazabal son los dólmenes y túmulos hallados en el monte; Dorronsoroko Jentilzuloa o Urrezuloko Armurea, Atxurbi, Praalata, Aitxu, Napalatza, Unanabi, Etxegarate, Bidaarte, Zorroztarri... fueron utilizados durante la Edad del Bronce (3200-1300 a.C.) para inhumar a los muertos. En esas tumbas han sido halladas herramientas y adornos de dicha época.

Cuando construyeron esas tumbas, ya habían transcurrido 2.000 años desde que los progresos del Neolítico (agricultura, ganadería, cerámica...) echaran raíces en Euskal Herria y, seguramente, aquellos grupos humanos ya los conocían. Al parecer, poco a poco, la caza y la recolección de frutos fueron siendo sustituidos por la agricultura y, sobre todo, el pastoreo.

No disponemos de mucha información sobre la población de nuestro valle en lo que atañe a los siguientes siglos. Para celtas, romanos, visigodos y demás que hicieron acto de presencia en Euskal Herria, nuestros antecesores no merecieron gran atención, por lo que apenas existe vestigio alguno de aquellas épocas (excepto algunas monedas romanas encontradas en 1898). En opinión de Manuel Lekuona, la pila bautismal de la iglesia podría ser de la época visigóticados, aunque hay quien afirma que es de época posterior.
Asimismo, la información sobre la época feudal no es mucho más generosa. El nombre de Idiazabal aparece escrito por primera vez en un documento de finales del siglo XII (año 1199).
Lo más probable es que, para entonces, los asentamientos de la vertiente cantábrica de Euskal Herria, antecesores del actual caserío, ya existieran. Los habitantes de Idiazabal de aquel entonces vivirían, seguramente, en un principio, en humildes chabolas de madera y posteriormente de madera y piedra.

Es lógico pensar que, cuando en el siglo XII-XIII comenzaron a construir la iglesia dedicada al arcángel San Miguel, ya existiera en este entorno algún tipo de organización de pueblo o barrio, que, como de costumbre, de un modo u otro, estaría bajo el dominio de algún señor o potentado. Así, por ejemplo, el señor de Lazkao era patrón o señor de la iglesia de Idiazabal, siendo él quien dictaba la práctica de la parroquia (nombrar al vicario...). Nobles potentados e Iglesia eran las dos organizaciones más poderosas de la época.

Del mismo modo, la mayor parte de las ermitas pertenecía también a los propietarios de los caseríos del entorno: Santa Isabel (Eztenaga), San Andrés (Arizkorreta), San Esteban (Akutain), Santa Polonia (Arimasagasti), San Ignacio, probablemente más reciente (Oria)... Sin embargo, las ermitas de Gurutzeta y la del Kalbario pertenecen al vecindario.

A medida que aquella sociedad fue estructurándose y organizándose, también fue introduciéndose en las estructuras administrativas de la época. En el año 1384 consiguió el amparo de Segura, convertida ya en villa el siglo anterior. Sin embargo, Idiazabal conservó su propia identidad (en los documentos posteriores figura como “universidad”).

Entretanto, especialmente durante el siglo XVI, debieron comenzar a construirse los caseríos más antiguos que existen en la actualidad en Idiazabal, en sustitución de las chabolas de madera de siglos anteriores, además de madera, utilizaron piedra y cal (Urbizu Gerriko es el caserío que mejor ha conservado la de estructura antigua). En los siglos posteriores se introdujeron nuevos cultivos, como el maíz, y a medida que la población iba creciendo poco a poco, se construyeron nuevos caseríos hasta el siglo XIX.

Ya entonces los baserritarras, además de sus tierras propias, utilizaban los comunales de Idiazabal y los terrenos de las parzonerías de Urtsuaran, Urbia y Altzania (que, para regular el uso secular, se constituyeron legalmente a principios del siglo XV). A pesar de ello, no parece que el modo de vida de los baserritarras tuviera grandes comodidades. Para la mayoría de los habitantes de Idiazabal, aquellos terrenos de montaña eran indispensables para cubrir ciertas necesidades, ya que de ellos obtenían la leña y los pastos para el ganado.

Por otra parte, en aquella misma época, tuvieron gran auge las industrias más estrechamente relacionadas con la economía del caserío. Por una parte los molinos, para triturar el grano: Olea de Urtsuaran y, aguas abajo, los restantes: Loidi, Lopategi, Errotagain, Arimasagasti, Oria, Eztenaga, Ihurre. Y, por otra parte, las ferrerías: las dos de Urtsuaran y las dos de Loidi y Zuloaga (en un principio, propiedad del vecindario); la de Ihurre, la del señor de Lazkao... fueron un complemento indispensable de la economía del caserío en Idiazabal.

Los propietarios de algunos caseríos se enriquecieron y embellecieron sus caseríos; es en el caso de Maugia, Arimasagasti, Oiarbide y Eztenaga (que, probablemente, es anterior): fueron reconstruidos en los siglos XVII-XVIII dándoles aspecto de casa señorial. Todavía se aprecia en ellos la soberbia de aquella época.

En el año 1615, tras pagar al rey lo estipulado, Idiazabal se desvinculó de Segura y obtuvo el título de “villa”. Para autogobernarse, la casa vecinal de Idiazabal pasó a ser casa concejil y en ella se instaló la posada.

Además, al igual que el resto de pueblos, en adelante tuvo derecho a tomar parte en Juntas Generales en los asuntos de gobierno de Gipuzkoa.. Sin embargo, al ser su población bastante reducida, Idiazabal se aunó con los pueblos de su entorno para acudir a Juntas: Ataun, Segura, Zegama y Mutiloa... fueron sus asociados.

Asimismo la iglesia se construyó o conformó durante aquellos fructíferos siglos. En los siglos XVI-XVII, la iglesia propiamente dicha; y a principios del siglo XVIII, el coro, los retablos e imágenes.
Según Gorosabel, Idiazabal tenía 1.716 habitantes en el año 1860, y la mayoría de ellos vivían del caserío (en el núcleo urbano había alrededor de 30 casas y éstas también, en su mayor parte, serían caseríos). Así pues, todavía seguía siendo el Idiazabal rural de algunos siglos atrás.

No obstante, las innovaciones del siglo XIX comenzaron a fracturar la homogeneidad de la sociedad tradicional, fractura que llevó a una crisis social. Algunos de los factores determinantes de esa crisis fueron la llegada de las ideas liberales y las guerras (con los franceses y las guerras carlistas); las grandes dificultades de la economía del caserío; el fin de las ferrerías, la nueva carretera Madrid-Irún; la escuela...

La economía del caserío no daba para más y muchas personas del pueblo tuvieron que emigrar a América a finales del siglo XIX y principios del siguiente.

A principios del siglo XX, se pusieron en marcha algunos servicios que posteriormente se convirtieron en imprescindibles y emblemáticas de la nueva sociedad: la electricidad, el agua del grifo, la nueva plaza, el nuevo cementerio, la nueva escuela... Algunos indianos que se habían enriquecido en América y habían regresado al pueblo fueron los promotores de muchos de esos servicios y construyeron en el pueblo casas de aspecto señorial, a cual más elegante: Altolagirre (Txomenarenea), Floreaga...

Pero el cambio más radical se produjo tras la guerra civil de 1936-39. La identidad de Idiazabal cambió totalmente en pocos años, durante la segunda mitad del siglo XX.

Al igual que en otros lugares de Gipuzkoa, la nueva industria proporcionó una nueva forma de vida a quienes optaron por abandonar el caserío y se crearon en Idiazabal grandes empresas y algunos pequeños talleres: Patricio Echeverría (1942), Ampo (1964) y Jaso (1975).

La gente de los caseríos comenzó a abandonarlos y se integró en la industria. Al propio tiempo, desde otras regiones (Castilla, Galicia...), se produjo una emigración a Idiazabal y otros pueblos del Goierri.

Así, junto a un modelo cultural euskaldun tradicional y homogéneo, patrimonio de casi todos los habitantes de Idiazabal durante muchos siglos, comenzó a desarrollarse otra cultura comunitaria (la de quienes solamente sabían hablar en español); además, paulatinamente, fue aumentando la interacción entre ambos, dándose un sinfín de situaciones y conductas personales. Según datos de 2001, de los 2.031 habitantes de Idiazabal, 214 eran inmigrados de fuera de la Comunidad Autónoma Vasca (en 1950 no eran más que unos pocos).

Existen otros factores culturales modernos (escuelas, administraciones, viajes, medios de comunicación...) que también han diluido la homogeneidad existente antes de la industrialización y no solamente en el ámbito del idioma sino también en el de la cultura y en otros ámbitos del comportamiento, generándose una pluralidad.

En esa época (hacia 1955) se edificaron la Plaza y el nuevo ayuntamiento, así como la casa del médico.

El núcleo urbano se amplió notablemente cuando los caseríos comenzaron a vaciarse, construyéndose una gran cantidad de viviendas para los trabajadores, sobre todo a partir de 1962. La configuración actual de Idiazabal viene dada los nuevos barrios de Gurutze Berri, Bikuña, Zigor y Adarra.

Como consecuencia de la nueva tendencia a aproximar y atraer el caserío a la vida urbana, Urtsuaran, barrio que había pertenecido a Segura durante el siglo anterior, pasó a formar parte de Idiazabal en 1947; de este modo, obtuvo una relación más directa con el núcleo urbano.

A partir de 1980, la demanda de nuevos servicios ha dotado al pueblo de nuevas construcciones (la escuela A. Iparragirre; frontón y piscina Igarondo; la Casa de Cultura; el polideportivo Zelaa; la nueva carretera; y en las afueras de pueblo: los campos de fútbol Eziolatza y Arizkorreta, el parque de Txomenarenea; la residencia de ancianos de Pilarrenea...). Se han construido, asimismo, otros edificios, especialmente pequeños chalets para gente de clase media en las afueras del pueblo.
Mas información en http://www.idiazabal.info

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