domingo, 12 de julio de 2009 | By: Nerea Uzquiano

No muere el sol en Tegucigalpa

No muere el Sol en Tegucigalpa

No muere aunque le muerdan esbirros de corbata la semilla

Es pábulo de lumbre roja la sangre

carne macerada con sudor y llamarada

Se arrastra purulenta la blanca piel de los magnates

y se hunden en su mierda de proclamas decretos sentencias noticias

Al aire limpio de la aurora vomitan su excremento de palabra traicionada

Y nada es transparente

sino el rostro ensangrentado del obrero

Y todo es reluciente salvo el sitio maloliente del verdugo


No muere el Sol en Tegucigalpa

No muere aunque lo matan por la espalda y lo sepultan

No muere aunque le extirpan la lumbre hecha de barro al campesino

No muere aunque le escupen saliva corrosiva de burgueses

No muere aunque le sellan con pólvora y silencio la alborada


No muere porque el verbo parturiento

aunque encerrado

traspasa las fronteras de la noche decretada

alumbra la osamenta del futuro

y fecunda la violencia enamorada

la paz encendida del que grita tras las rejas

y del magma contenido de la rabia entre las balas


Ni una lágrima por Honduras que no lleve dinamita y amor en la mirada

Ni un clamor que no incendie con su aliento lo que toque

Ningún quejido que no sea pólvora fecunda y machetes oxidados


Y la sed que no sea ya sino de sangre de gendarme

o capataz

o esbirro

y preferiblemente

que sea sangre de magnates la que llueva en Tegucigalpa!

Autor (a) desconocido (a)

0 comentarios:

Publicar un comentario