domingo, 13 de diciembre de 2009 | By: Nerea Uzquiano

El Ama. Memorias de una dominadora. De Annick Foucault.


Annick Foucault no es otra que la propia Françoise Maîtresse, nombre bajo el cual se ha dado a conocer no sólo en París, donde ejerce, sino también en los ambientes «especializados» de toda Europa e incluso Estados Unidos. Dominadora en sus múltiples servicios, domina con igual destreza los servicios mediáticos, ya que emplea el Minitel para establecer sus contactos y el ordenador para sus encuentros con quienes exponen en vídeo sus propias particulares apetencias.

Pero lo más curioso y, sobre todo, lo más novedoso de este libro no radica sólo en esta actualísima imagen de una humanidad atormentada por el deseo, sentada ante un ordenador para proyectar en su pantalla los propios impulsos incontenibles. Está también en las detalladas secuencias de los encuentros personales, en la minuciosa descripción de la parafernalia necesaria para alimentar todas las fantasías y, en particular, en la reflexión que Annick-Françoise hace de sus experiencias, no sólo acerca de sí misma, de sus propios gustos, sino de aquellos que acuden a ella en busca... del dolor libremente recibido, en ese punto en que la compasión pasa a ser crueldad, el deseo de castidad es lo obsceno, y los emblemas de Sade se mezclan a los de Sacher-Masoch.

2 comentarios:

Edu dijo...

Nos extendemos en ordenadores y no en ambitos fisicos. Quizás llego el Homo-Internet.
Un Saludo

Guzmán. dijo...

Jiddu Krishnamurti y las Organizaciones.

"Quizás recuerden ustedes la historia de cómo el diablo y un amigo suyo estaban paseando por la calle cuando vieron delante de ellos a un hombre que levantaba algo del suelo y, después de mirarlo, se lo guardaba en el bolsillo. El amigo preguntó al diablo:

"¿Qué recogió ese hombre?" "Recogió un trozo de la Verdad", contestó el diablo. "Ese es muy mal negocio para ti, entonces", dijo su amigo. "Oh, no, en absoluto", replicó el diablo, "voy a dejar que la organice".

Yo sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. Ese es mi punto de vista y me adhiero a él absoluta e incondicionalmente. La Verdad, al ser ilimitada, incondicionada, inabordable por ningún camino, no puede ser organizada; ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente a lo largo de algún sendero en particular. Si desde el principio entienden eso, entonces verán cuan imposible es organizar una creencia. Una creencia es un asunto puramente individual, y no pueden ni deben organizarla. Si lo hacen, se torna en algo muerto, cristalizado; se convierte en un credo, una secta, una religión que ha de imponerse a los demás. Esto es lo que todo el mundo trata de hacer. La Verdad se empequeñece y se transforma en un juguete para los débiles, para los que están sólo momentáneamente descontentos. La Verdad no puede rebajarse, es más bien el individuo quien debe hacer el esfuerzo de elevarse hacia ella.

Ustedes no pueden traer la cumbre de la montaña al valle. Si quieren llegar a la cima de la montaña, tienen que atravesar el valle y trepar por las cuestas sin temor a los peligrosos precipicios. Tienen que ascender hacia la Verdad, esta no puede "descender" ni organizarse para ustedes. El interés en las ideas es sostenido principalmente por las organizaciones, pero las organizaciones sólo despiertan el interés desde afuera.


Fragmento del discurso de disolución de la La Orden de la Estrella de Oriente. (2 de Agosto de 1929)
http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/

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