sábado, 13 de febrero de 2010 | By: Nerea Uzquiano

El Tesoro

Lo vio, no sabia que debía hacer con el. Carlos un niño de apenas 3 años lo miraba extasiado con la inocencia de la edad.

No se atrevía a tocarlo, algo en su interior le decía que había encontrado algo valioso y no sabia con quien debía compartirlo.

- Carlos a cenar.

La voz de su abuela, rompió el hechizo por un momento, pero Carlos se sentía incapaz de moverse del lugar.

- Carlos ¿qué haces?

La mirada de Carlos seguía fija en el lugar, como hipnotizada, la abuela siguiendo la dirección de la mirada de su nieto lo vio.

- Ah! Has encontrado mi viejo libro.- Sonrió la anciana.

- Li-bo – repitió Carlos

- Si hijo, mi primer libro, que conservo desde que era poco mayor que tu.

La anciana observando el rostro del niño, se dio cuenta que no sabia que significaba aquello.

Se entristeció. ¿Cómo era posible?

Desde niños había inculcado a sus hijos su pasión por la lectura, posiblemente la única pasión que había podido sobrevivir en una vida llena de penurias y necesidades.

- Carlos, te voy a contar una vieja historia.

Carlos sentía verdadera adoración por aquella anciana, de voz suave cuyas historias le entusiasmaban.



“ Hace muchos años, tantos que apenas puedo recordarlos, nació en esta misma casa una niña.

En aquel tiempo, no tenían esos juguetes tan bonitos que tu tienes hoy en día”

- Con que jugaban? – Preguntaba sorprendido Carlos que no entendía como podía ser que existiese una época en la que los niños no tuvieran sus coches y sus juegos.



“Con la imaginación. No te extrañe mi niño. En aquella época no había dinero y lo que había se gastaba solamente en esa comida tan rica que te hace mama.

Pero aquella niña, también jugaba y era feliz. Todos los días, al terminar el trabajo en el campo, su mente se iba lejos, imaginando historias, luchando contra fuertes guerreros.

Viajo por todo el mundo con su imaginación, conoció príncipes y princesas, acabo con lobos malos, salvo a abuelitas, despertó hermosos príncipes, y lucio bellos trajes en bailes de palacio.

Carlitos miraba boquiabierto a su abuela.

- ¿Cómo hacia tantas cosas? -La anciana le acaricio su sonrojada carita sonriendo y se fue.

- Te espero en la cocina cariño.

Fue cuando Carlos comprendió el tesoro que había encontrado. Cogió el libro con sus manitas, y lo coloco con sumo cuidado entre sus pertenencias mas valiosas.

Ahora compartía algo mas con su abuela. Ambos tendrían el mismo tesoro.

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